El ser humano siempre ha buscado establecer algo que lo
distinga del resto de los animales en términos cualitativos, con el fin de
anclar su identidad, sostuvo la especialista en primatología, Pilar Chiappa
Carrara.
Añadió que no obstante las técnicas de comparación genética han demostrado que
los chimpancés y el hombre comparten una relación del genoma en un 96%.
"Los trabajos de campo e investigaciones de laboratorio han permitido
acumular evidencias que han hecho tambalear el concepto que los humanos tenemos
de nosotros mismos, pues se ha comprobado que los primates pueden establecer
relaciones de amistad, comportamiento cultural y autoconciencia" , indicó.
La especialista puntualizó que en este sentido, el estudio de los primates
desde el punto de vista evolutivo, ha estado orientado a mover la idea de
"lo humano" para diferenciarse de otros entes.
Al participar en el Ciclo de Conferencias sobre Evolución Humana, Chiappa,
investigadora del Departamento de Etología del Instituto Mexicano de
Psiquiatría, aseveró que genéticamente el hombre y los chimpancés comparten
genes en un 96%.
Precisó que esta coincidencia resulta alta en el caso de relación con alguien
que no es pariente nuestro en la sociedad humana.
"De ahí que se les suela llamar a los chimpancés nuestros parientes más
cercanos, con quienes tenemos características comunes.
Sin embargo, el hombre no se ha conformado con compartir relaciones cuantitativas
y ha buscado distinguirse en términos cualitativos" , comentó.
Puntualizó que, en términos de la cognición, el hombre tiene cualidades como el
lenguaje o las capacidades matemáticas, de las cuales carecen los simios.
Sin embargo, otra característica cualitativa atribuida al hombre, expuesta hace
más de 23 siglos y que inclusive sigue vigente en algunos círculos académicos,
fue la del humano como el ser con comportamiento cultural.
El estudio de los primates ha demostrado que estos seres también tienen
comportamiento cultural, entendido éste como el que se adquiere socialmente y
que prevalece por generaciones sucesivas.
Al respecto, la investigadora citó la llamada Prueba del Lavado de papas,
efectuada en 1952 por primatólogos en la isla de Koshima, Japón, la cual
consistió en el estudio de la conducta de un grupo de macacos, mediante la
dotación de estos tubérculos a los monos.
"Cuando les ofrecieron las papas en la playa, una hembra de 18 meses
empezó a lavar sus papas en el agua, sus compañeros la imitaron y comprendieron
que esta técnica era efectiva para quitarle la arena a su alimento" ,
detalló Chiappa.
Asimismo destacó que el resultado más evidente se dio seis años después cuando
se evidenció que más de la mitad del grupo de macacos aún hacían esta labor y a
los diez casi todos lo habían adoptado.
Acotó que hoy y como acuerdo generalizado hasta el momento por los académicos
es que la característica que distingue al hombre del resto de los animales es
la enseñanza activa.
"Pero es un acuerdo actual porque históricamente cada vez que se alcanza
un consenso se presentan nuevas evidencias que rompen tal suposición" ,
dijo.
La enseñanza activa implica la participación de un maestro en el proceso de
aprendizaje, a través de la aprobación, desaprobación, estimulación o
facilitación. No obstante la enseñanza ha sido también ya reportada en animales
ocasionalmente.
"Este es el panorama momentáneo, pero estoy segura que esta suposición de
la enseñanza activa no durará, porque esta concepción ha ido cambiando a lo
largo de la historia, como ejemplo antes se pensaba que la razón o el
aprendizaje era lo que nos distinguía, pero en pocas palabras, aún no sabemos
que nos hace humanos con respecto al comportamiento, como cualidad" ,
consideró.
Otro aspecto, continuó, que también sólo se atribuía al hombre, era el
autorreconocimiento, idea que también se ha modificado después de los
resultados que se han obtenido de la aplicación de las denominadas Prueba del
Espejo y Prueba de la Marca.
La primera metodología aplicada por el primatólogo Gordon Gallup, en 1968,
consistió en poner frente al espejo a un chimpancé para observar su conducta y
días después se evidenció que el primate comenzó a inspeccionar partes de su
cuerpo que sólo puede ver a través del espejo.
En la segunda, además de colocar al chimpancé por un lapso de tiempo frente al
espejo, posteriormente bajo anestesia se le marcó una ceja y la oreja opuesta.
Una vez recuperado el simio era situado nuevamente frente al espejo y se
observó que se tocaba las marcas, estableciéndose así que se había
autorreconocido.
Chiappa concluyó que los primates han modificado el significado humano de
conceptos como la amistad y la cultura. Se ha comprobado que suelen pelear bajo
riesgo de sufrir severas heridas para defender a un compañero con el que
comparten su vida diaria.
sgf