No portan uniformes ni silbato, utilizan sólo sus manos y algunos chiflidos para agilizar el tránsito. No están pendientes de los automovilistas infractores para pedirles una mordida; tampoco reciben paga de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal y sólo obtienen la cooperación de uno, dos o hasta cinco pesos, según lo que el conductor les quiere dar.
Ante la insuficiente presencia de elementos de la Subsecretaría de Control Vehicular de la SSP-DF, pues sólo hay 4 mil para más de 75 mil cruces viales en la capital, la colaboración de estos originales agentes de tránsito, cuya efectividad les ha ganado el mote de semáforos humanos, es esencial en las horas pico, sobre todo en algunas de las vialidades más importantes de la ciudad.
Ante la falta de empleo, encuentran una forma de trabajo que les reditúa ingresos para satisfacer sus gastos.
En Las Águilas
Como voluntarios, los vecinos del campamento Las Águilas, ubicado en el norte de Iztapalapa, desde hace ocho años, organizan el paso de automóviles en el puente vehicular de Telecomunicaciones, luego que cada mañana, el embotellamiento de la calzada Ignacio Zaragoza colapsa las vialidades aledañas.
Josefina tiene 45 años y junto con dos o tres de sus compañeros se han brindado al servicio público por unas cuantas monedas; a veces juntan más de 200 pesos cada uno.
Su labor ha ido más allá de las funciones de tránsito, pues inclusive han evitado asaltos, según explican. “Hemos corrido a unos chavos que se ponían allá en el otro cruce y que pedían dinero a la fuerza para drogarse; aquí mismo donde estamos, había otros que se aprovechaban del tránsito lento y asaltaban a los conductores, pero los corrimos”, dice.
Pero este no es el único caso, pues estos semáforos humanos han ido apareciendo en las malogradas vías rápidas.
En calzada Ignacio Zaragoza, pero de su lado norte, varios jóvenes abren paso a automovilistas bajo el grito de: “Uno y uno”, mientras que con los brazos indican a automovilistas si avanzan o no.
Roberto saca para sus estudios
Roberto Carlos Torres Cardozo tiene 23 años y estudia el octavo semestre de la carrera de Economía en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la UNAM; está por empezar su tesis.
“Llevó aquí trabajando desde que inicié la carrera y eso por mi hermano porque también él estudia en un Conalep. Lo que hacemos es obstruir la vialidad o parar el tránsito del carril de extrema derecha de la calzada Ignacio Zaragoza de oriente a poniente para que se incorporen los automovilistas que vienen sobre la calle Julián de los Reyes”.
Explica que no le piden nada a la gente, “ellos solos te dan uno o dos pesos, dependiendo; eso es lo que a mi me ha permitido seguir estudiando”.
Agrega que él y su hermano son los principales sostenes de su familia, pero diferente a los que muchos piensan ellos también se dedican a estudiar. En un día bueno se llevan hasta 120 o 130 pesos, de ahí pagan algunos de sus gastos para la escuela, añade, al tiempo que enseña su historial académico y su credencial de la UNAM, además que pronto hará su servicio social en Nafinsa.
Su horario de trabajo es de seis a 11 de la mañana. “Dependemos del tránsito nosotros, hay días que no nos llevamos nada y sí nos afecta”.
Aunque no todo es miel sobre hojuelas; hay quienes les avientan el carro, sobre todo los micros y los camiones verdes. “Ya llevamos cinco años en este lugar y sabemos a quienes puedes parar y a quienes no. Desde lejos vas viendo quien va molestando con el claxon”.
Dice que siempre porta sus papeles de la escuela porque lo han llevado al juez cívico y explica que de ahí saca para estudiar. Su labor va más allá, incluso hacen labor social, porque hay un kínder a mitad de cuadra y a petición de la directora, cierran el tránsito en esa calle 20 minutos antes de las nueve de la mañana cuando entran los niños.
“Como en todo, hay gente que se molesta y hay gente que le agrada; ahora en diciembre había gente nos regalaba cien pesos o algo, por la Navidad. Somos un mal necesario”, asegura.
Avalan autoridades el trabajo
Salvador Rendón Pérez, es separado, tiene dos hijos, uno que está con su esposa y otro que ya es casado. Aunque tiene más dirigiendo el tránsito en el cruce de Canal Nacional y Calzada del Hueso, lo que le ha dado cierta fama, él asegura que sólo tiene un mes.
Él sí utiliza un silbato y a sus 50 años justifica su labor porque asegura que ya no le dan trabajo. Al ayudar con el tránsito y vendiendo aguas después de las 11, sale para el desayuno y la comida.
El subsecretario de Control de Tránsito del DF, Alfredo Hernández, comenta: “Yo creo que cualquier persona que ayude a labores de seguridad y el tránsito, es loable por la voluntad que de alguna manera ponen. Si el objetivo es obtener algún beneficio personal, pues ahí estamos en desacuerdo”.
Afirma que las autoridades han observado que algunos de ellos, en la actividad que realizan, a veces hay cobro o alguna dádiva por parte de los conductores, pero de lo que se trata es de evitar que estas personas alienten a violar el Reglamento de Tránsito Metropolitano, como es saltarse los camellones. “Todo mundo tiene derecho a ganarse la vida, pero también no pueden interferir o realizar acciones encomendadas a una dependencia. Lo que estamos haciendo es adecuaciones y movimientos direccionales en Tlalpan y Periférico y también algunas entradas y salidas en Zaragoza.
Manifiesta que la ciudad de México es tan grande que se necesitaría una cantidad muy por encima de la que se tiene, por lo que hay que trabajar en la capacitación de los conductores y peatones, en proyectos se impulsarán en este año y que dará a conocer el titular de la SSP-DF, Manuel Mondragón.
El objetivo es desalentar el uso del automóvil pues el transporte individual transporta un promedio de 1.2 pasajeros por vehículo, lo cual es ilógico en ciudad de estas magnitudes y por ello, se busca el uso del transporte público eficiente como es el Metrobús.
Conductores a gusto
Héctor Gutiérrez pasa todos los días en su pointer verde por el puente del ISSSTE para salir a Zaragoza y dirigirse a su trabajo. Siempre le toca en las horas pico y agradece que estén siempre los “semáforos humanos”. Dice que “al principio me daban mala espina y pasaba con los vidrios arriba, pero luego me di cuenta de lo útiles que son para que pueda pasar rápido. Cuando puedo les doy 5 o 10 pesos, se lo merecen”, añade.
Javier Arzate, es uno de los conductores de un Sentra rojo que sale de la colonia Juan Escutia hacia la calzada Zaragoza y en relación a estos civiles que organizan el tránsito, comenta: “Uyy, ojalá no los vayan a quitar, sin ellos, esto sería un desmadre. Yo les doy lo que puedo a veces uno o dos pesos”.
La ciudad de México, según expertos, el colapso está cerca, ya que las supuestas vías rápidas se han transformado en estacionamientos donde el tráfico va a vuelta de rueda. Según, los directivos del Metrobús, por cada niño que nace, dos autos nuevos entran en circulación.
De acuerdo con la Subsecretaría de Control Vehicular, en la ciudad hay un parque vehicular de 3.4 millones de automotores y todos los días se suman 1.5 millones provenientes del estado de México y del interior de la República Mexicana; el número de autos que circula en el DF crece entre 170 mil y 200 mil automóviles nuevos cada año, dijo Alfredo Hernández, titular de esa dependencia.
Datos del Programa de verificación Vehicular 2001, señalan que 95% de los automotores que operan en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) captan menos de 20% del total de la demanda de tramos de viaje. El promedio de ocupación de un vehículo es inferior a dos personas, de 1.21 y 1.75.
Cada año ingresan a la circulación en la ZMVM, 250 mil automóviles adicionales, lo que implica que en 15 años se duplicaría el número de automotores en circulación, y por tanto, crecería la necesidad de más vialidades, señala un análisis denominado Eficiencia del Transporte Público y Privado, elaborado por la organización el Poder del Consumidor.
La progresiva saturación de las vialidades, según el estudio escrito en 2008, se expresa en la velocidad promedio de la capital. En 1990 era de 38.5 kilómetros por hora; en 2004 bajó a 21 kilómetros por hora; mientras que en 2007 se estimó en 17 kilómetros por hora.
Para el Gobierno del Distrito Federal (GDF) se necesitarán 450 kilómetros de vialidad primaria adicional para atender las necesidades actuales.