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Barra infantilLos avances tecnológicos y la realidad cotidiana que a diario requiere de adecuaciones, de lecturas de la vida con instrumentos nuevos, ha hecho del cine infantil y juvenil una jugosa realidad textual para poder advertir cambios tanto de carácter semántico y semiótico, como necesidades de una alfabetización en la imagen que ayude a leer e interpretar mejor esta clase de mensajes. El discurso narrativo audiovisual reciente ha incorporado una gran cantidad de elementos interdiscursivos, intertextuales, que requieren de espectadores distintos a los que por décadas había construido la industria cinematográfica. Incluso los llamados clásicos infantiles, vistos desde el presente, tienen una lectura muy distinta a la que tenían cuando fueron concebidos. En etapas de descanso, como las de las recientes semanas, las carteleras del mundo se llenan de propuestas para la población menuda, y México no es la excepción; la tendencia globalizadora tiene una industria que genera productos para el consumo masivo pero, afortunadamente, algunos de esos productos están llenos de talento y sus códigos éticos y estéticos están más ajustados a la realidad de los espectadores del presente. Se añade a lo anterior un elemento de carácter lúdico más allá de los dibujos animados o de la representación de una realidad que se relaciona con el tono que se elige para abordar un relato. Los niños y niñas de este momento ya no se interesan sólo por la historia en sí, sino por cómo se cuenta, cómo logra con ellos la interacción. En la actualidad hay tres cintas en la cartelera infantil que pueden ser un ejemplo de esta nueva forma de narración audiovisual relacionada no sólo con el carácter espectacular de su puesta en escena, sino con el propósito del relato, historias en las que hay un atinado trabajo con lo que conseguirán del público en términos de gratificación (evidentemente la monetaria sigue siendo central), de expectativas resueltas o no, usuarios satisfechos porque no se les falta al respeto. Y es que películas como La era de hielo 2 (2006), de Carlos Saldanha; Vida salvaje (2005), de Steve Spaz Williams, o Nanny McPhee (2005), de Kirk Jones con guión y actuación de Emma Thompson, hacen del sentido del humor, de la ironía, y más concretamente del sarcasmo, un ingrediente realmente destacado para el logro del éxito con los más pequeños. Las reescrituras que han hecho guionistas y directores en torno de las expectativas infantiles son de lo más interesantes. En el fondo seguimos siendo partícipes del elemento canónico de los cuentos de hadas, pero con una actualización que permite múltiples variaciones del mito. Los integrantes de la zona creativa para el público infantil han entendido que también los mecanismos del relato tienen que ajustarse al paso del tiempo para introducir nuevas maneras de ver el mundo en las que preocupaciones sociales como la ecología, el respeto a lo diferente, la idea de familia, y muchas más, se perciban desde una realidad verosímil. El elemento humorístico, a veces tal cual el sarcasmo, e incluso algunos matices macabros como los que hallamos en Nanny McPhee, son recursos que hacen posible una mirada sana de los más jóvenes hacia la realidad que les circunda. Ya no piensan en términos de blanco y negro, de buenos o malos, de lo que es pecado o no lo es, sino en una realidad que está hecha de múltiples aristas, de dimensiones amplias como la vida misma. Cuando vemos películas que se alejan de lo "políticamente correcto", textos con algún grado de transgresión a lo establecido, incluso de desvío de la tradición de lo que se considera propio para un público infantil, estamos ante productos que permiten al espectador adulto deshacerse de sus propios prejuicios y reintentar una lectura del mundo más inteligente y disfrutable.
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