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Patio trasero
Las amenazas de Al-Qaeda sobre México abren la oportunidad para pedir cuentas al gobierno mexicano sobre lo que ha hecho en materia de terrorismo Súbitamente, los mexicanos aterrizamos en la realidad de que, por razones geopolíticas, nos encontramos en el perímetro de riesgo del terrorismo internacional. Al-Qaeda, la organización musulmana trasnacional que declaró la guerra al mundo occidental el 11 de septiembre de 2001, incluyó por primera vez de manera concreta a México al anunciar en una de sus páginas subsidiarias que, al igual que Canadá y Venezuela, suministradores de crudo a Estados Unidos, sería sujeto de ataques en sus instalaciones petroleras. Políticos y medios hicieron eco vehemente a la advertencia. Extraño. A más de 5 años que cambió el mundo y la forma como México participaba en él, se dan cuenta. Los diversos cuerpos de seguridad del Estado, para fortuna, no fueron negligentes en la materia y desde entonces hay dispositivos de seguridad sin precedente y vigilancia, a través del Plan Centinela, de todas las instalaciones estratégicas del país. Justo la semana pasada, por ejemplo, una alerta de Interpol llegó a la Secretaría de Seguridad Pública informando del posible arribo de dos terroristas en un vuelo procedente de Alemania. Todo el aparato de seguridad mexicano se puso en acción, y cuando llegaron al aeropuerto internacional de la ciudad de México, agentes de migración y de la Policía Federal los detuvieron y los interrogaron, mientras que a través de canales diplomáticos y del Cisen, se cruzaba la información del par de alemanes en aquella nación y se concluía que era una falsa alarma. Ese tipo de acciones, si no frecuentes, sí son comunes. Más aún, desconocido por la mayoría de quienes hoy están en la antesala de la histeria terrorista, el gobierno mexicano ha ido modificando políticas internas, por presiones de Washington, para ajustarse a las ansiedades y preocupaciones de Estados Unidos en su particular guerra santa. Desde hace años se viene conformando la idea en Estados Unidos de que su porosa frontera sur es altamente insegura. Durante una conferencia sobre seguridad en la frontera sur que se celebró en Phoenix, Arizona, en mayo del año pasado, Henry Morgenstern, presidente de Security Solutions Internacional, una firma que transfiere conocimiento y tecnología israelí en cuestiones de contraterrorismo, hizo eco de las preocupaciones de los más altos niveles del gobierno estadounidense al revelar en ese entonces que reportes de inteligencia de ese país muestran evidencias de cómo Al Qaeda planeaba utilizar a México como punto de entrada a aquella nación. "México provee un terreno fértil para el reclutamiento de terroristas", dijo Morgenstern en aquella conferencia. "La mayoría de la gente ve la lucha contra la inmigración indocumentada como un problema económico, pero, ¿podrían convertirse los mexicanos pobres en terroristas? Hay creciente evidencia que sugiere que en los estados más pobres, como Chiapas, la conversión a la fe musulmana pudiera llevar a más casos como José Padilla (un puertorriqueño actualmente en la cárcel por su presunta participación en actividades terroristas), de terroristas que se encuadran en una descripción totalmente diferente al del tipo del Medio Oriente. En San Cristóbal de las Casas hay mujeres con velo que cantan ´Alá es grande´, en una historia que comenzó en 1994 cuando los españoles Aureliano Pérez y Esteban López llevaron las enseñanzas islámicas a los barrios pobres alrededor de San Cristóbal de las Casas". En efecto, la actividad religiosa islámica en Chiapas ha estado sometida a atención constante de los servicios de inteligencia estadounidenses e israelitas durante varios años, los cuales detectaron células de Hezbolá en aquella entidad. Igualmente preocupa la comunidad musulmana en Torreón, y desde hace algún tiempo hay operaciones de espionaje para determinar si existen lazos sólidos con mezquitas en Estados Unidos bajo vigilancia permanente por presuntos vínculos con Al-Qaeda. Las preocupaciones estadounidenses parten de información que han ido acumulando en su guerra global contra esa organización dirigida por Osama Bin-Laden a lo largo de los años. Por ejemplo, en un despacho publicado por la revista Time en noviembre de 2004, se reportó que un operador de Al- Qaeda detenido en Paquistán, Sharif al-Masri, le dijo a sus interrogadores que esa organización tenía "interés de mover materiales nucleares de Europa a Estados Unidos o México", lo que ocasionó una visita a este país del entonces secretario de Seguridad Territorial, Tom Ridge, para discutir la seguridad fronteriza y las redes de traficantes de personas que podrían ser utilizadas por los terroristas para entrar ilegalmente a ese país. La visita de Ridge, aunque pública, generó poca atención. Pero la creciente preocupación por el posible uso terrorista de las redes de tráfico de indocumentados, creció. En marzo de 2006, el entonces director del FBI, Robert Mueller, dijo a un comité legislativo que un número de indocumentados que no precisó, con vínculos a Al-Qaeda, había entrado a Estados Unidos utilizando identidades falsas. Desde mediados del año pasado el gobierno estadounidense tenía la información que Abu Musab al-Zarkawi, quien planeó la mayoría de los ataques terroristas en Irak, estaba planeando ampliar los ataques a objetivos en territorio estadounidense con células que infiltraría desde México. Al-Zarkawi murió en combates en junio del año pasado, pero los planes, hasta donde se sabe, no fueron cancelados. El foco de atención estadounidense se ha centrado en la inmigración indocumentada, en particular sobre los aproximadamente 45 mil extranjeros no mexicanos que cruzan por su frontera sur. Las presiones de Washington llevaron al gobierno mexicano a imponer visas a ciudadanos de Brasil y Sudáfrica, de donde temían que llegaran operadores de Al-Qaeda con documentos falsos, lo cual ha traído problemas colaterales para México, particularmente en el ramo del turismo e inversiones. En el pasado reciente ya se ha detenido a ciudadanos de Sudáfrica tratando de entrar ilegalmente a Estados Unidos, mientras que una de las nuevas corrientes de inmigración indocumentada por la frontera con Texas es de brasileños. Los gritos que ahora están lanzando políticos y medios sobre la amenaza de Al-Qaeda son tardíos, pero no por ello hay que desestimarlos. Al contrario. Una vez más sensibilizada la opinión pública, hay que pedir explicaciones al gobierno mexicano no sólo sobre lo que ha estado haciendo para salvaguardar la seguridad nacional, sino cuáles y cuántas medidas han sido tomadas en función de los estadounidenses y no de los mexicanos. El nuevo secretario de Seguridad Territorial, Michael Chertoff, llegó este jueves a México para una visita de dos días. Aquí está la oportunidad para exigir información y explicaciones sobre todo lo que se ha hecho, en el último lustro, a espaldas de la mayoría. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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