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El perro sí muerde
Tomar a la ligera las amenazas de Al-Qaeda contra México, puede no sólo dejar la puerta abierta al terrorismo sino a presiones de Washington Una añeja cultura de sospecha frente a Estados Unidos, más que justificada históricamente, llevó a vincular la visita del secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Michael Chertoff, con la divulgación de una amenaza terrorista de Al-Qaeda a Canadá, México y Venezuela, los abastecedores de crudo más importantes de ese país. Las elucubraciones elevan sus niveles de verosimilitud porque el gobierno del presidente George Bush, en forma tan coincidental que pocos creen en sus coincidencias, ha elevado sus niveles de alerta en momentos políticos y coyunturales para fortalecer a su maltrecha administración. Esa sospecha popular fue trasladada a los más altos niveles del gobierno mexicano que,en su encuentro a nivel ministerial con Chertoff en la Secretaría de Gobernación, el secretario Francisco Ramírez Acuña la desestimó. El mensaje de Al-Qaeda, dijo Ramírez Acuña a Chertoff, de acuerdo con personas que estuvieron en la reunión, "no es peligroso". En efecto, le respondió, "no es peligroso, es una amenaza". El secretario de Gobernación, bisoño en los asuntos globales, seguramente no está enterado que desde el 11 de septiembre de 2001, en términos de seguridad internacional, el mundo cambió radicalmente. Y México, por razones más geoestratégicas que políticas, se convirtió en un potencial objetivo militar de Al-Qaeda. También debe desconocer, por el nuevo universo al que se está metiendo, que las alertas internacionales por la certeza de que un atentado viene en camino, están creciendo. La prensa islámica ha sugerido en las últimas semanas que Al-Qaeda está preparando un atentado de despedida de Bush, cuyo mandato termina el 31 de diciembre del próximo año, y varias agencias de inteligencia occidentales estiman que hay cuando menos siete grupos trabajando en esa dirección, que podría ser en territorio estadounidense o en Europa, sin descartar que pudieran estar evaluando otras opciones, como sugiere la última amenaza sobre los exportadores de petróleo a Estados Unidos. La amenaza de un ataque sobre territorio mexicano es la primera que realiza Al-Qaeda que, no obstante, ha intentado utilizar este suelo para introducir células terroristas a aquella nación. Varias dependencias del gobierno mexicano han estado sometidas a una intensa dinámica de operaciones contraterroristas, como las Fuerzas Armadas, que mantienen el Plan Centinela de vigilancia a instalaciones estratégicas, como las petroleras, o el Cisen, cuyo principal analista, Gustavo Mohar, fue el responsable de hacer el balance de la inteligencia mexicana durante el encuentro ministerial con Chertoff. Como sucede en las alertas, han tenido diferentes grados de tensión, siendo quizás el más crítico durante las dos últimas semanas de diciembre de 2005, cuando se advirtió al gobierno mexicano de una oleada de operativos de Al-Qaeda que intentarían entrar a Estados Unidos por México, procedentes de Sudamérica, que hizo que un buen número de vuelos con destino en el sur de California, fueran detenidos por varias horas para revisar a sus pasajeros. Unos 15 presuntos miembros de Al-Qaeda fueron detenidos en ese momento en México, y cuando menos cinco terminaron en la base militar de Guantánamo. Lo que debían de haber informado al secretario Ramírez Acuña antes de hacer su afirmación ante Chertoff, es que los niveles de cooperación entre los dos países han producido resultados que, para Estados Unidos, han sido de alto provecho. Uno se dio en 2005, cuando miembros de la Agencia Federal de Investigaciones detuvieron en playas de Rosarito, en Baja California, a Arif Alí Durrani, de origen pakistaní, sobre quien había un proceso por el crimen de tráfico internacional de misiles, por el cual fue juzgado en un tribunal de Connecticut en 1987. Purgó cinco años de cárcel, de donde se fue voluntariamente a París a terminar su sentencia, antes de reaparecer en México, donde de acuerdo con información del gobierno mexicano, presuntamente competía con un británico de origen libanés, para proveer de armas a Hezbolá. En el momento de su detención también fueron arrestados tres afganos y un sirio, que documentaron nacionalidad estadounidense, por lo cual fueron deportados. El británico-libanés, Amer Haykel, fue arrestado también en 2005 en Todos Santos, dentro del municipio de La Paz en Baja California Sur, por petición del gobierno estadounidense, que lo señalaba como corresponsable de los atentados terroristas en septiembre de 2001. Las autoridades mexicanas lo dejaron en libertad a los días de su aprehensión porque el gobierno estadounidense no pudo probarle su actividad terrorista. No fue así con otros dos iraquíes, Munir y Samir Yousif Shana, detenidos en Tecate el mismo año, quienes declararon a las autoridades mexicanas que fueron contactados en Bagdad por una persona que les ofreció llevarlos a San Diego, California, donde se reencontrarían con sus familiares. Cuando los detuvieron se arrestó también a dos mexicanos, presuntamente "polleros". La forma de reaccionar del gobierno mexicano ante la amenaza de Al-Qaeda fue, cuando menos, ingenua, al rechazarla argumentando la Doctrina Estrada sobre la no intervención en los asuntos internos en otros estados y la autodeterminación de los pueblos. Canadá y Venezuela, en cambio, actuaron con una responsabilidad del caso, a tono con las secuelas recientes en varias partes del mundo, principalmente en Europa, donde temen que la despedida a Bush sea en su territorio. El primer ministro inglés, Tony Blair, anunció el retiro de las tropas en Irak, seguido por el gobierno de Irlanda que abandonará la zona de conflicto. El primer ministro italiano, Romano Prodi, que apoyaba mantener a las tropas en Afganistán, dimitió luego de que el Senado rechazara su política exterior, por lo cual se tendrá que formar un nuevo gobierno. El terrorismo es demasiado serio para no tomarlo como una realidad que rebasa ánimos y deseos. Es transnacional y sus códigos de operación no se encuentran en los fundamentos de la política exterior. Es un fenómeno de múltiples ópticas que si no se aborda en su dimensión integral, se puede caer en presiones. Precisamente, la reunión ministerial de México, Canadá y Estados Unidos este viernes en Ottawa dentro del mecanismo de la Alianza para la Seguridad y el Progreso, tiene que ver con este enfoque. Promovida por los canadienses, están tratando de revertir la tendencia de Washington de que la seguridad se sobreponga a absolutamente todo en las relaciones bilaterales, y que afecte de manera significativa los intercambios comerciales. México está inmerso en esta ecuación perniciosa que, junto con Canadá, habría que revertir. Pero minimizar el fenómeno como lo hizo el secretario Ramírez Acuña, lejos de fortalecer la posición mexicana, la debilita. La realidad mata todo acto de fe, particularmente si está bañada de provincianismo. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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