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Raymundo Riva Palacio
30 de marzo de 2007

Amenazas de muerte

Es muy extraño que el presidente Calderón haya revelado tener amenazas de muerte. ¿Razones políticas? ¿Relaciones públicas? ¿Simple debilidad?

Un enorme revuelo causó la afirmación del presidente Felipe Calderón hace una semana exactamente de que él y su familia habían recibido amenazas del narcotráfico. Ese día, la declaración de Calderón -hecha el día anterior-, fue la noticia más visitada en el portal de internet de EL UNIVERSAL, y en algo por demás insólito, se mantuvo dentro de las tres noticias más consultadas 24 horas después, desbancada sólo por las reacciones que había motivado esa revelación. El gran interés debió haber sido disparado por lo insólito de una confesión de tal naturaleza, sin que hasta este momento quede claro cuál fue el propósito final de transmitir ese mensaje.

Las amenazas a los presidentes no son inusuales. Sobre Luis Echeverría llovieron advertencias durante su mandato, particularmente al final de su sexenio cuando estallaron conflictos políticos con los empresarios de Sonora. José López Portillo encontró una vez que su oficina estaba plagada con micrófonos que lo espiaban constantemente y en una ocasión, debido a una broma, el Estado Mayor Presidencial lo despertó en la madrugada por una amenaza falsa de golpe de Estado. Ernesto Zedillo tuvo momentos críticos, como cuando una vez el EPR le tendió una trampa para secuestrarlo. El Estado Mayor los descubrió y se enfrentaron en una balacera que dejó a varios guerrilleros muertos in situ, y a otros tantos, los responsables de la logística y las casas de seguridad, también.

El ex presidente Vicente Fox tuvo una secuencia de amenazas que fue creciendo conforme avanzaba su sexenio, destapándose desde el frustrado intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador en 2005, y culminando con alta intensidad en 2006, particularmente después de las elecciones del 2 de julio. Calderón reveló una serie de amenazas durante el primer trimestre de su gobierno, aunque omitió hablar de todas las que recibió él, su familia y su equipo de colaboradores más cercanos durante la muy agitada campaña postelectoral, que provocó que se les comisionara escoltas del Estado Mayor Presidencial.

Calderón no dijo a la agencia Reuters durante una entrevista, ni a un grupo de empresarios con los que habló la semana pasada, el número de amenazas que ha recibido en Los Pinos. Sin embargo, de acuerdo con información del interior del gobierno, está lejos de equipararse el número de amenazas con las que recibió el ex presidente Zedillo en su primer trimestre de gobierno, cuando se dio el llamado "error de diciembre" y México entró en una profunda crisis económica. Las amenazas de muerte contra Zedillo tenían el mismo marco de referencia que las que ha recibido Calderón, de acuerdo con esta información. En el primer caso era de gente profundamente indignada por la crisis, inclusive pequeños empresarios que habían perdido parte de su capital o su patrimonio; en el segundo, son fundamentalmente simpatizantes de López Obrador que siguen mostrando su coraje por los resultados electorales. En ambos casos, aunque son objeto de investigación del Estado Mayor Presidencial, no representan realmente amenazas a la seguridad física del Presidente, sino tiene motivaciones fundamentalmente emocionales sin acciones subsecuentes. Es decir, el mayor volumen de las amenazas no proviene del crimen organizado, sino de ciudadanos molestos por una coyuntura y quienes, hablando en plata, no son una amenaza.

Esto no significa que Calderón no haya recibido amenazas de la delincuencia organizada, pero no está fuera de lo común. Hoy en día se sabe de las amenazas del narco al presidente municipal de Acapulco, Félix Salgado Macedonio, pero no las que ha recibido el gobernador de Tabasco, Andrés Granier, cuya escolta de seguridad se ha venido incrementando significativamente desde que se dio el atentado en contra de su secretario de Seguridad Pública hace menos de un mes. En otros niveles, hay amenazas de muerte claras contra el secretario de Gobierno de Nuevo León, Rogelio Cerda, y contra los secretarios de Estado del gabinete de seguridad, lo que tampoco es extraño. De hecho, hay un llamado "bono de riesgo" para funcionarios en áreas donde se considera ponen en riesgo su vida durante el trabajo cotidiano.

El caso paradigmático de un presidente bajo acecho permanente es el de Zedillo. Aunque se frustró el intento de secuestro en la primera parte de su sexenio, el EPR nunca dejó de amagarlo. En varias ocasiones recibieron información en Los Pinos que la guerrilla "mala" -como la llamaba-, tenía pensado atentar en contra de su vida durante un acto público. El EPR nunca lo intentó, por lo que presumen ex funcionarios de esa administración que la guerrilla buscó estudiar los movimientos del Estado Mayor Presidencial y analizar los sistemas de seguridad del Ejecutivo. No es el caso de Calderón, quien apenas comienza su sexenio, lo que lleva a preguntarse el porqué de haber respondido tan cándidamente a una pregunta que le formuló una periodista y que desató esta curiosidad y morbo.

La declaración de Calderón se dio en el contexto de la batida en contra del narco y de la extensión de los territorios donde los sicarios de los cárteles están luchando por las plazas y cobrándose las facturas. También se dio tras la extradición a Estados Unidos de 11 narcotraficantes, entre ellos varias figuras clave de diferentes cárteles, el anuncio de más extradiciones -que ya fueron anticipadas al presidente George W. Bush durante su visita a Mérida-, y la detención de un capo de bajo perfil pero amplias actividades, José Díaz Parada. El impacto de su declaración probablemente obedeció a este gran marco de referencia, que le dio una extendida verosimilitud a sus palabras.

De hecho, según una encuesta telefónica de BGC, Ulises Beltrán y Asociados, 65% de los encuestados percibieron como sincera la declaración de Calderón y 49% agradeció que quiera mantener informada a la población de la reacción del crimen organizado a su estrategia. Políticamente se puede interpretar ese tipo de declaración como un signo de vulnerabilidad, pero la opinión pública piensa lo contrario: 56% consideró que muestra fortaleza y 57% opinó que refleja capacidad. En síntesis, a Calderón le salió bien el gambito de opinión pública, con lo cual arrolla a la opinión política. Esto, sin embargo, no será eternamente sexenal. Gobernar para la opinión pública le salió bien al ex presidente Vicente Fox hasta que la gente le tomó la medida. No vaya a resultar lo mismo para Calderón, aunque en este caso su estratagema haya sido en torno de un asunto tan delicado como lo es el combate al crimen organizado.

rriva@eluniversal.com.mx

r_rivapalacio@yahoo.com

 
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PERFIL
 
Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión". Su último libro se titula "La prensa de los jardines". Actualmente es director editorial de El Gráfico, El M, y coordinador de asuntos internacionales de EL UNIVERSAL.
 
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