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Guerrero: todos callan
Nadie en el PRD parece interesado en la autocrítica, corrección o incluso deslinde de lo que pasa en el estado Resulta notable el silencio y la indiferencia mostradas por la dirigencia nacional del PRD y sus principales liderazgos, sobre el fracaso y la crisis política, social y de identidad ideológica que enfrentan gobiernos surgidos de sus filas, como Guerrero -ente otros-, como si se tratara de administraciones ajenas a un partido político y fueran meras franquicias de poder. Nadie en el PRD, de entre dirigentes y líderes, parece interesado en la más mínima autocrítica, corrección o incluso deslinde de lo que pasa en los gobiernos estatal y municipal de Guerrero y Acapulco, en donde resulta evidente una profunda descomposición política, económica y social que ha convertido a esa entidad en imperio del crimen organizado, el narcotráfico y la violencia. Todos en el PRD prefieren callar, voltear a otro lado, o de plano simular que no pasa nada, en una suerte de complicidad silenciosa, frente a una realidad que, en el caso de Guerrero, hace ver a los gobiernos de ese partido como feas copias, aumentadas y corregidas, del viejo PRI. Eso sí, hace poco más de dos años, cuando en este espacio se cuestionó el riesgo que significaba para el PRD la postulación de Zeferino Torreblanca y de Félix Salgado Macedonio como candidatos al gobierno estatal y a la alcaldía de Acapulco, abundaron las críticas de perredistas de todos los signos y tamaños que salieron en defensa de esos candidatos, "porque son los más populares" -como si popularidad fuera sinónimo de congruencia, honestidad, eficacia y capacidad-, y porque según se decía, por ese solo hecho harían los mejores gobiernos que hayan conocido los guerrerenses. Y por supuesto que no faltaron quienes soltaron la acusación fácil de "corruptos" y "vendidos", para los críticos de esas postulaciones y de un proceso que, desde hace años, ya se anunciaba como un sonoro fracaso para el PRD. Por eso llama la atención que ahora, a poco más de dos años de que el PRI fue echado del gobierno de Guerrero y ante los elevados niveles de violencia por la guerra de bandas criminales que se han apoderado del estado, algunos perredistas se digan sorprendidos por lo que desde entonces era la "crónica de un fracaso anunciado". Y es que no vieron la crisis que se avecinaba, sólo aquellos que no la quisieron ver, quienes cerraron los ojos a la realidad, los que apostaron a ciegas al poder por el poder; porque esa realidad siempre estuvo a los ojos de todos -en este espacio, desde diciembre de 2004 a la fecha, documentamos la crónica de ese fracaso en 11 entregas-, sobre todo de viejos militantes de la izquierda como Othón Salazar Martínez, el mítico activista del Partido Comunista que en 1981 se convirtió en alcalde de Alcozauca -caserío enclavado en la montaña de Guerrero-, y que fue por muchos años símbolo del gigantesco paso de la izquierda mexicana, de la clandestinidad y la lucha armada, al territorio de la contienda electoral. Desde entonces, mediados de 2004, Othón Salazar renunció a las filas del PRD con un argumento demoledor: "Me voy porque el PRD es un partido que se ha alejado de la ideología de la izquierda, y se ha vuelto pragmático, en donde sólo se buscan los puestos y el poder". Nadie de esa dizque izquierda moderna hizo caso, y menos cuando Othón sentenció: "El candidato Zeferino Torreblanca es una propuesta de la derecha del PRD". Por cierto, el municipio emblemático de Alcozauca fue perdido por el PRD en las elecciones del 2 de octubre de 2005, porque el alcalde perredista saliente, el corrupto Javier Manzano, impuso como candidato a su hermano, para cubrirse las espaldas. Nadie en el PRD quiso ver, por ejemplo, que Zeferino Torreblanca pactó con el PRI de Rubén Figueroa -apoyo electoral por protección política e impunidad-, para derrotar al PRI de Héctor Astudillo. Nadie quiso ver que al llegar como gobernador, el señor Torreblanca reconstruyó al PRI de René Juárez Cisneros -que era su antecesor-, desde el naciente gobierno del PRD. Nadie quiso ver que una buena parte de los más cuestionados funcionarios del PRI al que derrotó siguieron en sus cargos con Torreblanca, y que incluso el gobernador perredista incorporó a su gestión a probados perseguidores de la guerrilla en Guerrero. Nadie quiso ver, por ejemplo, que Zeferino Torreblanca y Félix Salgado Macedonio heredaron no sólo a los colaboradores del gobernador priísta René Juárez Cisneros y las más cuestionadas prácticas del PRI, sino que destruyeron la estructura de la izquierda y del PRD, y heredaron una perniciosa alianza con uno de los más feroces grupos mafiosos del narcotráfico, el de Los Pelones de El Chapo Guzmán. Y tampoco nadie quiere ver que con esa herencia las administraciones de Torreblanca y Salgado Macedonio compraron la guerra entre Los Pelones y Los Zetas del cártel del Golfo. ¿Quién se atreverá a cuestionar los gobiernos de Guerrero y Acapulco? ¿Dónde está la autocrítica? ¿Quién será el valiente en deslindarse de esa farsa de gobiernos de izquierda? ¿A tocarlos siquiera con el pétalo de una crítica? Y por cierto, ¿dónde están los que nos acusaban de "corruptos y vendidos"? ¿Quién se equivocó? Ayer 5 ejecutados más, y se les cae a pedazos el montaje del crimen de Amado Ramírez. aleman2@prodigy.net.mx
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