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El factor Ana Rosa
Ivonne Ortega ganó la elección en Yucatán, aunque podría argumentarse que fue el suicidio del PAN lo que determinó el resultado Seis años le duró al PAN el poder supremo en Yucatán que, al conquistarlo en 2001, parecía que nunca más se los arrebatarían. Pero este domingo perdió su candidato a la gubernatura, Xavier Abreu, un hombre fogueado que trabajó en la campaña de Carlos Castillo Peraza para gobernar el Distrito Federal en 1997; perdió el gobernador Patricio Patrón Laviada, que al imponer a Abreu en la candidatura provocó la fractura del partido en el estado; y perdió el presidente Felipe Calderón, no sólo porque es una derrota en la primera elección de su sexenio en un estado que había sido fiel al PAN, sino que fue derrotada la corriente política que lo respalda frente al líder nacional del partido, Manuel Espino. Se puede argumentar que el PRI, que mostró en su candidata Ivonne Ortega una cara más del relevo generacional del partido -demorado durante seis sexenios-, y enseñó que es capaz de tener visiones altas y largas para no dividirse, no ganó tanto como perdió el PAN. Sin escatimar méritos a Ortega, una política bien cuajada a sus 33 años y que ha tenido una carrera ascendente por méritos propios y no por ser sobrina del viejo cacique Víctor Cervera, el primer análisis sobre los resultados preliminares de las votaciones del domingo pasado sugiere que las fracturas dentro del PAN y el desmoronamiento de la coalición Por el Bien de Todos en Yucatán jugaron eficazmente a favor del PRI. Abreu obtuvo 270 mil 799 votos, que significa 42.39% de la votación, una caída de 75 mil 557 votos de los que obtuvo el 2 de julio Calderón, que representó 46.17% del electorado. Como primera hipótesis de trabajo se puede establecer que una buena parte de esos votos que necesitaba Abreu se los llevó Ana Rosa Payán, la aguerrida política yucateca que contendió contra él por la candidatura del PAN, y que cuando vio que la maquinaria política del gobernador se inclinaba por su protegido, denunció el proceso de selección y renunció a su partido. Payán contendió por una coalición de un partido local y los nacionales Convergencia y del Trabajo, para obtener 21 mil 319 votos, que representaron 3.34% de la votación. Es decir, le quitó casi 50% de lo que necesitó a Abreu para alcanzar a la priísta. Es cierto que ni con esos votos el candidato del PAN habría triunfado, pero el pleito panista en Yucatán no sólo le arrastró electorado a Payán, sino también le disminuyó apoyos a Abreu. De acuerdo con Consulta Mitofsky, sólo 73.4% de quienes votaron por Calderón en la presidencial decidieron darle el respaldo al candidato del PAN, quien tuvo poco más de una cuarta parte del voto panista en la entidad que, o dejó de ir a las urnas, o votó por otros candidatos (Payán, posiblemente, se llevó la mitad de los electores insatisfechos). Entre los méritos que pueden adjudicársele a Ortega en su victoria es que obtuvo 53 mil 661 más votos que el candidato presidencial de su partido, Roberto Madrazo, el 2 de julio, que representa 16.16% del electorado, y que convenció de votar por ella a 87% de quienes así lo hicieron por el frustrado aspirante a Los Pinos. Ortega avanzó de manera muy sólida en estas elecciones, y logró 11 mil 377 más de los que había obtenido el priísta Orlando Pacheco cuando contendió sin éxito por la gubernatura de Yucatán hace seis años, mientras que Abreu obtuvo también 84 mil 481 votos menos que Patrón Laviada en ese momento. La fuerza del PRI frente al PAN se pudo observar con el comportamiento de las maquinarias políticas nacionales de ambos partidos, que se enfrascaron por primera vez desde el 2 de julio en Yucatán. La estrategia del PRI, diseñada en la casa de la líder nacional Beatriz Paredes con el consenso del partido, tuvo dos momentos clave. El primero, que fue previo a su llegada al partido, pero donde también intervino, fue evitar que el PRI tuviera una fractura por la candidatura. En el proceso de selección, además de Ortega, participaron la ex gobernadora interina Dulce María Sauri, y el ex líder del PRI en el estado, y fuerte figura política en la nomenclatura priísta, Carlos Sobrino. Al ser derrotados, y pese a la molestia de ambos y los coqueteos, en particular de la ex senadora Sauri, con otros partidos, la cultura institucional y disciplina de partido se impusieron, y aunque no fueron activos de la campaña, tampoco estorbaron. El segundo momento fue la movilización, donde todo el aparato del PRI estuvo atento al proceso, con reuniones de carácter nacional organizadas en Yucatán, y promovió el voto de manera contundente este domingo. Tradicionalmente el PRI tiene su mayor fuerza de movilización durante las tres primeras horas de la jornada electoral, y luego va disminuyendo. Esta estrategia había sido derrotada en anteriores comicios, como los del estado de México, donde el PRD armó dos movilizaciones, en la mañana y por la tarde, cuando el PRI ya no tenía posibilidades de reaccionar. El PAN esperaba, como suele suceder, mover a su gente desde la media mañana hasta comenzar la tarde, pero la maquinaria, que también se fracturó por el conflicto entre Calderón y Espino, no funcionó. El seguimiento de las movilizaciones se puede apreciar con los cortes que tuvo la encuesta de salida de Consultores y Marketing Político, de Gisela Rubach: a las 11:00 horas, Ortega tenía 48% del voto contra 46% de Abreu; a las 12:00 horas, era 49 contra 46; a las 12:30, 48 contra 47; a las 13:30, en el único cruce del día, 47 de Ortega contra 48 de Abreu; y finalmente el inicio del despegue a las 14:00 horas, de 48 para la priísta contra 47. La maquinaria panista no estuvo a la altura de la priísta, y tampoco funcionó la expectativa de que Payán y el PRD restaran votos a Ortega y al PRI, como calculaban en un principio, por la debacle de la maltrecha coalición Por el Bien de Todos. La alianza de Payán y el PRD, que integraban la coalición por la que contendió por la Presidencia Andrés Manuel López Obrador, alcanzó en total 37 mil 522 votos, que significó 5.88% del electorado, quedando a 87 mil 630 votos de los que obtuvieron el 2 de julio, 10 puntos porcentuales por debajo de aquél techo. Un estratega panista considera que, contra lo que originalmente se pensaba, hubo votos de la izquierda que regresaron al PRI en Yucatán. Pero de la misma forma, advierten que hubo votos comprometidos con Abreu que terminaron en la urna por Ortega. Yucatán es un buen acicate para el partido en el poder, que no vio la experiencia en cabeza ajena. El proceso electoral en Yucatán, desde el principio, fue manejado por el gobernador Patrón Laviada como solían hacerlo en el PRI, lastimando a los contendientes y asumiendo que las fracturas no les afectarían. El desprecio por Payán sin calcular lo que podría afectarles su salida del partido y la lucha cuerpo a cuerpo entre Calderón y Espino fueron una reedición del conflicto en la elección presidencial de la campaña de Madrazo contra la maestra Elba Esther Gordillo y el cuerpo a cuerpo entre el candidato y los gobernadores. Madrazo perdió, como hoy Abreu. Pero no aprendieron en el PAN, donde pese al rápido control de daños realizado por el Presidente, no se puede ocultar que esta elección en Yucatán es su primer knockout del sexenio. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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