“Yo ya ni sé qué hacer, ni qué pedir. Yo sólo querría saber cómo fue que mi hija falleció”La familia de Remedios Marín Ruiz, la policía de 20 años que murió en el operativo del New’s Divine, está sentada en la glorieta del metro Insurgentes. Están su madre, Teresa Ruiz Chávez; su padrastro, Victorio Carrillo (un solo apellido: su padre no estuvo, así se usaba); sus dos hermanos: Alicia y Raúl. Está también Valerie, la pequeña hija de Remedios. Ella sonríe, da sus primeros pasos, se interesa por el micrófono. A sus 10 meses, aún no comprende lo que le pasó a su mamá, a quien lleva 20 días de no ver. Detrás de nosotros sobresale el edificio de la Secretaría de Seguridad Pública del DF (SSP-DF). La familia de Remedios está “dolida”. Esa es la palabra que utilizan constantemente. Se les nota en la mirada, en el desánimo. No tienen coraje, no están enojados… o aún no. Pero también me da la impresión de que están acostumbrados a que la vida los trate mal: encarnan la resignación de la marginación. No han recibido ni una llamada de parte de algún mando importante de la SSP-DF. Eso desea su madre: que alguien le explique cómo murió su hija, qué estaba haciendo ahí, por qué estaba en un operativo cuando ella estaba asignada a una patrulla. Será que, como dice Victorio, fue el colmo de la mala suerte, pues la patrulla que manejaba con su “pareja” se descompuso unos días antes: “Si la patrulla no se hubiera descompuesto —dice quien la vio crecer porque se juntó con su madre cuando “Reme” tenía siete años— no estaríamos aquí”. Viven en Ixtapaluca, estado de México. Alzan los hombros con respecto a una indemnización. O establecer una demanda sobre lo que el pasado martes Emilio Álvarez Icaza llamó “una trampa mortal” en la que murió Remedios. ¿Álvarez Icaza? No, tampoco conocen su informe ni fueron invitados a él. —La verdad es que no estamos penetrados en el tema —acepta Victorio. Doña Tere dice que sí llamaron de Derechos Humanos una vez, pero no estaba. Una relatora de la Comisión de Derechos Humanos del DF, María Eréndira Cruzvillegas, comentó durante la presentación del informe que no se habían podido comunicar. Que cada vez que intentaban llamar, se escuchaban tonos como de marcación e interferencia. A mí también me pasó en el proceso de localizarlos. El viernes 20 de junio, Remedios Marín Ruiz salió de su casa a las 12 del día. Trabajaba jornada de 12 horas de labores por 12 de descanso sin días libres. Se despidió como siempre, en especial de Valerie, con quien jugaba el mayor tiempo posible cuando estaba en casa. —Ella no presintió nada, ni yo tampoco... —dice doña Tere. Su familia se enteró de su muerte ese mismo día, por la noche, cuando algunos compañeros les avisaron lo que sucedió y les pidieron que fueran a la delegación Gustavo A. Madero. Su madre vio su rostro en una computadora. Su padrastro entró a reconocer su cuerpo. —Ha sido muy difícil, no podemos asimilar lo que ha pasado. Estoy muy triste, me dejó a su hijita, pero a’i vamos, pasándola. Le pido a su madre que me cuente cómo era. Y ahí se quiebra: —Era muy bonita. Muy responsable en su trabajo…. conmigo y con su hijita. Era muy alegre… siempre sonriente. Nunca me reprobó un año, ni materias… —Quería hacer mucho para su hija, por eso trabajaba tanto —tercia Victorio. Alicia, su hermana, quien tiene seis meses de embarazo, cuenta que “Reme” estaba planeando el cumpleaños de Valerie, el 31 de agosto. Luego harían el bautizo doble de sus hijos. Ella y su esposo serían los padrinos de la pequeña. —Soñábamos con que algún día le haríamos su fiesta de 15 años. A ella le gustaba la música. Reggae. Café Tacuba. Jarabe de Palo… Acababa de comprar un teatro en casa que casi no estrenó. Pensaba en comprar una casa para ella y su hija ahí cerca, en Ixtapaluca… Remedios, como sus hermanos, nació en Oaxaca. En San José del Progreso, entre Pinotepa y Puerto Escondido. Doña Tere decidió emigrar al DF con sus tres hijos tras enviudar (su esposo murió en un accidente cuando Remedios, la menor, tenía seis meses), para buscarles más oportunidades, sobre todo de estudiar. Por estar registrada en Oaxaca y porque no tienen papeles “originales” de Remedios, no han podido hacer ningún trámite en la SSP-DF. Tienen que hacer el viaje y no es sencillo. El comunicado 1001/08 de la SSP capitalina cita al hasta ese momento secretario: —(Joel Ortega) Informó que solicitó al jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard Casaubon, la aprobación para darle la pensión completa a la hija de la policía, no obstante su reciente ingreso, en un acuerdo especial para que la bebita no quede en el desamparo y se quede con la pensión de la madre. El comunicado dice que la hija tiene “escasos seis meses”, cuando cumplirá un año el 31 de agosto. Remedios hubiera cumplido 21 un día después. —Pues eso dicen —remata doña Tere con un ademán de indiferencia—. Yo ya ni sé qué hacer, ni qué pedir. Yo sólo querría saber cómo fue que mi hija falleció. Creí que la habían pisado, empujado, que se había caído… pero cuando me dijeron que su ropa estaba limpiecita, sin sangre. No estaba desgarrada, nada. Una compañera de ella me dijo que la alcanzaron a sacar. Que le quitó el chaleco, las botas, le aflojó el pantalón y trataron de darle aire… Cuando la vi en el periódico, la vi tirada en la banqueta. Nada más en el papel ese dijeron que se había muerto de asfixia. Remedios ingresó a la policía terminando la prepa, a los 18 años, para buscar ganar un poco más que otros trabajos como dependienta de tienda. Dice doña Tere: —Yo quería que estudiara la universidad, pero no pasó el examen en la UNAM. La suerte, porque tenía buenos estudios. Quería ser agrónoma. Yo no quería (que fuera policía). Me dio miedo. Pero siempre a mis hijos los apoyo en lo que deciden. También cuando se embarazó de la bebé. Me dio coraje, como cualquier madre. Del muchacho no hemos vuelto a saber. Le decía: “Tantas cosas que hay para cuidarte, hija”… Pero al mismo tiempo digo: ya pasaron las cosas, ya para qué. Nomás ahora cuídate: no te vayas a embabucar ahora con otro y te deje un hijo. Quizá por eso Remedios no les dijo que ya tenía novio. Él se presentó con su familia en la delegación: —Se vio que la sintió bastante. ¿Cómo se llamaba? Sabe. Creo que nos iba a contar apenas, porque como también yo la regañaba porque luego ve que también las engañan —dice doña Tere. —Era guapo —comenta Alicia, quien como todos en esta banca del metro Insurgentes tiene dolor en la mirada. Todos menos Valerie, quien sonríe. . |