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| Campos Eliseos |
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Katia D´ Artigues
El Universal Domingo 04 de mayo de 2008 |
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Cuenta Marco Antonio Karam que a los 3 años le preguntó a su mamá por qué no había nacido en el Tíbet. Desde entonces Tony —como todos le dicen— tenía sueños de un lugar con grandes montañas y donde —desde la óptica infantil y occidental— los hombres se vestían de mujeres, es decir, con sotanas.
Él, hijo de inmigrantes libaneses y españoles está seguro de algo, aunque no puede probarlo: en otra vida nació allá; ahora, en ésta, la dedica a la comunicación en México y parte de Centroamérica de todo lo relacionado al budismo tibetano y Tíbet mismo.
Desde hace 19 años es director de Casa Tíbet en México, una suerte de “cónsul honorario” —encargado de las actividades políticas, culturales y religiosas— del gobierno en el exilio que tiene Su Santidad el Dalai Lama en Dharamsala, India.
Quedamos de vernos en Casa Tíbet, en la Roma, para de ahí irnos a comer. Tarda un poco en bajar... sale vestido con jeans, una camisa azul desfajada, mocasines.
Dice que le da lo mismo comer en cualquier lado. Le pido que escoja un lugar tranquilo, para platicar. Entonces cruzamos Álvaro Obregón y llegamos a “Non solo pasta”. En el camino se encontró a una alumna, supongo, toda vestida de blanco. Ella le mostró imágenes de un buda que le trajeron de España. La escucha con calma, le dice “linda”, como me dice a mí y también le dirá a la mesera que nos atiende. Aún así, no suena a frase hecha.
Pide una coca-cola light, lasagna (sí tiene carne, yo pedí lo mismo) y compartiremos una ensalada caprese.
Cuida lo que dice. Su lenguaje denota años de formación académica: filosofía en la Universidad La Salle en México; discípulo de Chögyam Trungpa Rinpoche en la Universidad de Naropa en Boulder, Colorado; y posgrado en Nepal, en el Valle de Katmandú, donde residen buena parte de los maestros tibetanos en el exilio.
Ahí conoció y fue discípulo de Tulku Urgyen Rinpoche, a quien califica como el amor de su vida, la persona en la que encontró quién quería ser. Por cierto, la reencarnación de su maestro será entronizada en noviembre en Katmandú y está emocionado por reiniciar el contacto con él.
Al verlo y escucharlo, uno no se imagina que a los tres o cuatro años, tras una fuerte neumonía y fiebre, tuvo un daño cerebral que hizo que los doctores pronosticaran un mal desarrollo. Acepta que tuvo poco de infancia, por tanta rehabilitación; y ahora eso está superado, habla cinco idiomas (tibetano, obvio) y la terapia en su niñez le dio, dice, disciplina y lo sensibilizó hacia el dolor.
Tíbet en tiempos olímpicos
El único momento en que Karam se nota molesto es cuando habla de la destrucción que ha hecho China, desde la ilegal ocupación del Tíbet en 1949. Se sabe las cifras de memoria, las recita con el ceño ligeramente fruncido, indignado:
—El saldo ha sido devastador: 1.2 millones de tibetanos han muerto como resultado directo o indirecto. La infraestructura cultural y espiritual del Tíbet fue absolutamente destruida. De 6 mil 250 monasterios que había previo al 49, para la década de los 70 quedaban en pie sólo 12. Su arte… ¡Sus bibliotecas! Tan importantes en influencia como lo fue en su momento la Biblioteca de Alejandría, que resguardaba los tesoros de la civilización occidental… bueno, las bibliotecas en Tíbet resguardaban los tesoros de la civilización budista. Todo fue quemado, destruido, o vendido en los mercados de antigüedades de Hong Kong y Tokio.
Desde el pasado 14 de marzo la situación es crítica: hubo una manifestación violenta que fue reprimida. A la fecha no queda claro quién la inició. China dice que fueron tibetanos; ellos sugieren que pudieron ser chinos disfrazados de monjes lamas.
De esa fecha para acá —aunque la de ese día fue la única violenta— han muerto 250 personas y 2 mil fueron detenidas. El gobierno chino acepta sólo 30 muertos y ningún detenido por causas políticas. Pero China ha militarizado al Tíbet y no permite —pese a que lo prometió al Comité Olímpico Internacional— que entre prensa internacional.
Este es un año excepcional para el movimiento tibetano. China tiene los ojos del mundo puestos en ella y parte de eso es la situación en Tíbet. Un paso activo ahora es tratar de impedir que la antorcha olímpica pase por el territorio como está planeado, por la cima del Everest y Lhasa, entre este mes —si el clima lo permite— y junio.
—Es una gran afrenta al pueblo tibetano. La antorcha representa el espíritu olímpico, basado en la armonía y en el diálogo entre los pueblos a través del deporte. China no promueve ese tipo de actitudes con su propia población.
Entre sus demandas, además de reiniciar negociaciones con China para una verdadera autonomía, está el respeto a los derechos humanos de sus habitantes, mantener su idioma, religión, e identidad nacional. Para sobrevivir y honrar su cultura.
Las negociaciones con China, iniciadas en 2002, se suspendieron el año pasado sin avances. Ahora, con la presión de simpatizantes tibetanos manifestándose a cada paso de la antorcha, China vuelve a hablar, por presión internacional, de la autonomía tibetana.
Cuando hablé con Tony muchas cosas aún no pasaban. China volvió a poner la autonomía en la mesa y el Dalai Lama contestó que esperaban que las negociaciones fueran “serias”. Ayer, sábado, llegaría a China un enviado especial del gobierno tibetano en el exilio para iniciar “pláticas informales”.
Lo que sí precisa Karam es que hay prisa:
—La ventana de oportunidad para encontrar una solución al conflicto del Tíbet cada día es más pequeña porque China está movilizando, en promedio, hasta 5 mil chinos por día a la meseta tibetana. En cuestión de cuatro o cinco años, ya no habrá conflicto que resolver porque Tíbet será un estado chino con población china. Hoy ya hay 10 millones de chinos por seis de tibetanos.
No es gratuito el interés de China, el país más poblado del mundo, en Tíbet. Hay muchas razones: tiene 2 millones 250 mil kilómetros cuadrados de territorio y una población pequeña; agua —todos los grandes ríos de Asia nacen ahí—, biodiversidad, importantes recursos forestales y minerales: manganeso, oro, plata, uranio. Y la frontera con India.
Karam tiene peticiones concretas como “cónsul honorario” en México, al respecto: que al igual que otros países, nuestro gobierno haga un comunicado pidiéndole a China el respeto a los derechos humanos del pueblo tibetano. Pide que México se pronuncie para lograr una resolución favorable para la causa en la Comisión Internacional de Derechos Humanos de la ONU.
También le corresponde mantener vivo el tema aquí. Critica la poca cobertura al tema en medios mexicanos. Lo atribuye, entre otras cosas, a los intereses que tienen muchos medios con China.
Un ejemplo fue la manifestación Pro Tibet del pasado 12 de abril, que recibió casi nula cobertura.
El despertar de los políticos en México
Le pido que me dé su perspectiva de maestro budista sobre la política en México:
—Es egoísta, autocentrada, basada en proyectos individuales o partidistas en el mejor de los casos. Plagada por la corrupción, por el abuso, no hay muchas alternativas. Es una clase política muy pobre, con muchos apegos: al dinero, poder y reputación.
Le pido que hagamos un ejercicio. Si fuera a dar un curso a los políticos sobre budismo, para destrabarlos espiritualmente, ¿por dónde comenzaría?:
—Por tratar de dilucidar cómo estas fantasías del dinero, el poder, la reputación, no son fuentes genuinas de bienestar. Hablaría también acerca del karma y del cómo todo lo que hacemos, pensamos y decimos genera consecuencias de las que somos individuamente responsables. Que somos los arquitectos de nuestra vida y de nuestras vidas futuras. Sensibilizarlos sobre lo que hacen tiene consecuencias para ellos, ya no digamos para el país. Hablaría de la compasión y el amor, para todos los que no tienen, sufren, que son el 60% del país.
Les recomendaría leer Ética para el nuevo milenio, del Dalai Lama.
Le pregunto qué opina sobre las declaraciones tanto de López Obrador sobre el “amor” en sus mítines; y las citas bíblicas de Felipe Calderón.
Karam es prudente:
—No conozco su genuina motivación. Podrían tratarse de personas realmente espirituales, no lo sé. Lo que siento es que la espiritualidad en general debe manifestarse en la manera en que interactuamos los unos con los otros. Y creo que en nuestro sistema político no hay espiritualidad en general. Ni en López Obrador ni en Calderón.
Pero precisa sobre la polarización:
—No estoy criticando el proyecto político del PRD. Pero critico el que, como un instrumento para éste, se utilice como herramienta la polarización de la sociedad. Es algo muy peligroso. Aunque también es cierto que es resultado de la falta de diálogo…
katia.katinka@gmail.com |
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