La literatura de Cornelia Funke ha trascendido las fronteras de su natal Alemania, donde ha vendido más de 2 millones de ejemplares con sus libros El jinete del dragón, Corazón de tinta y Sangre de tinta. Es tal el impacto que han tenido sus novelas entre niños y jóvenes que se le ha llamado "la J. K. Rowling alemana". Ella sólo aspira a algo que parece muy sencillo: enseñar buenas historias a los lectores para que no la olviden.La confianza de Funke está en los relatos. "No creo que algún lector olvide a los autores que tienen una historia que enseñar. Creo que la tarea de los cuentistas es buscar las palabras para las preguntas y los sentimientos que todos compartimos. Los cuentistas no deberían simular tener las respuestas para ser la voz de los otros".
Esa vocación la ha llevado a escribir diversas historias, la más reciente Cuando Santa cayó del cielo protagonizada por un Papá Noel joven, flacucho y desgarbado que por descuido y mala suerte cae con todo y su carromato a la tierra en plena época navideña. Ese muchacho llamado Nicolás Reyes, que nada tiene que ver con el Santa barbudo, regordete y bonachón que ríe a carcajadas, es el personaje central de su novela publicada por el Fondo de Cultura Económica y Siruela.
La narradora nacida en Alemania en 1958, apela a la lealtad de los lectores con el autor a través de historias bien contadas: "Trato de escribir para niños en el modo en que la historia debería ser contada, en la forma en que no tenga edad y en un lenguaje que pueda ser entendido por todos. Esa es la función de un contador de historias".
Su formación de pedagoga e ilustradora le han valido historias que se han covertido en best seller, como Potilla y el ladrón de gorros y ¡Apártate de Mississippi!, pero tal vez su éxito radique en que combina historias de fantasía con personajes con espíritu humano, resultado de su certeza de que en el mundo actual los seres viven en ambos mundos, en la llamada realidad y en su propia imaginación y pensamientos, por eso asegura que la fantasía "es una maravillosa herramienta que describe nuestra percepción del mundo".
Cornelia Funke se autodefine como una escritora muy visual, siempre dibuja lo que ve, por eso piensa que su imaginación como escritora está más desarrollada. También ha aprendido de sus tiempos como trabajadora social en los que conoció mucho de los niños en esos años, lo que sin duda ha influido su escritura, y aunque dice que siempre ha amado a los niños, con este trabajo comenzó a respetarlos más.
La escritora comenzó a maquinar Cuando Santa cayó del cielo una noche de diciembre al ver un remolque cerca de la calle donde vivía y percatarse de que dentro había una luz que se apreciaba detrás de la ventana. "Creo que ya era algo tarde y me pregunté de repente, ¿quién puede estar ahí? Súbitamente la historia sobre Nicolás Reyes vino a mi mente".
Funke -quien hizo mancuerna en este libro con la ilustradora Regina Kehn- leía muchas historias de Navidad, sobre todo las de Astrid Lindaren, y le gustó la idea de inventar a un nuevo Santa porque disfruta la temporada con sus mercados navideños y el olor de las almendras tostadas en el aire. Esta novela, junto con las anteriores, le han valido ser considerada una de las 100 personas más influyentes en el mundo, aunque ella confiesa que "uno no debe pensar demasiado en cosas como esas. Y no lo hago. Ahora pienso en mi próximo libro y cómo hacerlo mejor que el último".