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Contrata Vela a su “compadre”

Álvaro Hegewisch, ligado al presidente de Conaculta por una añeja amistad, es el encargado de la Secretaría Técnica B
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Héctor de Mauleón
El Universal
Jueves 06 de marzo de 2008

cultura@eluniversal.com.mx

No sólo mantuvo a su mejor amigo flotando durante un año en un puesto fantasma antes de ponerle en las manos la dirección del Festival Internacional Cervantino. Ahora, fiel a su estilo personal de gobernar, Sergio Vela ha entregado la Secretaría Técnica B del organismo a su cargo a un hombre con el que, afirman varios ex colaboradores de su primer círculo, mantiene una relación de compadrazgo: el director escénico, iluminador y escenógrafo Álvaro Hegewisch.

Aunque hace unos días Vela negó dicha relación a través de su ex director de Comunicación Social, Plácido Pérez Cué, la lista de privilegios que el presidente del Conaculta ha dispensado a su antiguo compañero de la Escuela Libre de Derecho llega a rozar el escándalo.

El titular del Conaculta se había revelado como un paladín de la amistad durante los años en que dirigió el Cervantino e impulsó desde su cargo las actividades del grupo de teatro alternativo Me Xih Co, fundado en 1991 por Hegewsich y su esposa, la directora y actriz María Morett. Ambos lograron desarrollar su carrera artística bajo el amparo del funcionario: no sólo presentándose en el Cervantino (donde fracasaron estruendosamente con la obra de teatro infantil Mozart y los duendes), sino participando en festivales de Estados Unidos, América Latina y Europa.

Poco después de que Vela fuera relevado como director del FIC, Hegewisch ingresó en la burocracia cultural.

En diciembre de 2006, el sucesor de Sari Bermúdez anunció que aprovecharía las “aptitudes profesionales” de sus amigos para integrar la plana mayor de la dependencia. Una de sus primeras gestiones consistió en sacar a su supuesto compadre del gris cargo que desempeñaba en la coordinación de Proyectos con los Estados del Centro Nacional de las Artes, y entregarle la Dirección General de Vinculación Cultural.

Lucía di Lammermoor, una ópera donde “todo queda en familia”

Durante el año complicado que siguió, la administración de Vela recibió grandes críticas por la ausencia de un Plan de Cultura y la inmovilidad en que el Conaculta se hallaba sumergido.

La comunidad operística le criticó que se hubieran importado producciones extranjeras y no se llevara a cabo una nacional.

Sensible a las críticas, Vela decidió que era necesario realizar una producción mexicana antes de que terminara 2007. Fiel a su estilo, buscó entre sus amigos. Y encontró a su “comadre”, la mujer de Hegewisch, María Morett, quien jamás había dirigido una ópera.

La Compañía Nacional de Ópera, el Coro y la Orquesta de Bellas Artes, el director Edoardo Müller, el escenógrafo Philipe Amand, los tenores Fernando de la Mora y José Luis Duval, las sopranos Eglise Gutiérrez y Olivia Gorra, fueron puestos a disposición de la principiante, quien recibió la instrucción de montar, a todo vapor, la Lucía di Lammermoor, de Donizetti.

“La ópera me fascina, desde chiquita escucho ópera”, declaró cuando le preguntaron cuál era su relación con el género. Pronto, Morett descubrió que no bastaba con escuchar ópera desde chiquita: un documento en poder de EL UNIVERSAL revela que el 31 de octubre, tras varios ensayos fallidos, José Luis Robles, Jorge Suárez, Juan Pablo Sandoval y Reina Hernández, consejeros y delegados del Coro del Teatro de Bellas Artes, elevaron un escrito a José Areán, director de la Compañía Nacional de Ópera, señalando que la amiga de Vela “demostró su incompetencia como directora de escena, al presentarse sin un plan de trabajo (…), Dado que hemos tenido experiencias similares en la administración pasada, en que se han ignorado estas llamadas de atención en cuanto a directores no capacitados y en vista de que se siguen asignando directores sin el perfil necesario, el coro ha decidido negarse a trabajar bajo la dirección de Morett”, concluía el escrito.

La Compañía se cruzó de brazos sobre el escenario. Sergio Vela obligó a José Areán a ir a negociar con los inconformes. María Morett declaró luego que la crisis se había desatado por una cuestión de género, y no porque Sergio Vela hubiera impuesto a una amiga: “Hace mucho que las mujeres no dirigen en Bellas Artes y ellos se incomodaron con mi estilo, exento de gritos y sombrerazos”, afirmó.

Al cabo, Morett tuvo que apoyarse en el director del coro, Maurizio Baldin, para que la ópera pudiera ser montada. Fue la primera y única producción de la temporada.

Tres meses después, idéntico a sí mismo, Vela aprovechó la crisis en el Conaculta para sacar a Álvaro Hegewisch de Vinculación Cultural y convertirlo en su flamante secretario B. Todo quedó entre amigos.



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