juan.estrada@eluniversal.com.mxSe suele decirse que el futbol americano es un deporte formativo. Su disciplina es tan fuerte que forma hombres de carácter.
Pero la dualidad del bien y el mal también permea hasta las más grandes estrellas deportivas, quienes son atrapados por las tentaciones y los excesos.
Michael Vick, ex estrella de los Halcones de Atlanta y quien además innovó en la NFL por su versatilidad para correr el ovoide, fue el protagonista de uno de los escándalos más fuertes en el deportes estadounidense en el 2007.
Antes del arranque de la actual temporada de la NLF, el pasador se declaró culpable por tomar parte en la organización de peleas de perros en Estados Unidos. Su confesión, no lo excluyó de una sentencia de 23 meses en prisión que hace unos días le fue dictada.
Lo preocupante no es que Vick confesará su culpabilidad en esta cruel forma de apuesta: “Estaba expuesto a numerosas actividades ilegales, y las peleas de perros eran una de ellas. Nunca entendí porque la gente era arrestada por posesión de armas y drogas pero nunca por peleas de perros”, escribiió en un carta el pasador.
Quien sumó un escándalo más a su lista negra fue el ex corredor estrella O.J. Simpson, quien ahora estuvo envuelto en una acusación sobre aslato y secuestro robo a mano armada a dos comerciante de artículos deportivos de colección en un hotel de Las Vegas.
Otra de las noticias que mancharon el futbol americano y el deporte de los Estados Unidos fue el asesinato del ex safety de los Pieles Rojas de Washington, Sean Taylor, quien falleció a consecuencia de un balazo que lo hirió en la arteria femoral, proyectil que salió del arma de un asaltante que invadió su hogar la noche del pasado lunes 26 de noviembre.
Severas llamadas de atención a la NFL y el deporte estadounidense.