HASTA un niño de pecho sabe que en la rueca de la política se tejen intereses, algunos legítimos, otros facciosos; el telar político existe precisamente para procesar de manera más o menos ordenada el interés de cada grupo. No hay nada nuevo en ello y por eso entiendo que el apetito político del Doctor Simi se haya manifestado de manera sistemática en los últimos años, primero comparando sus propias encuestas, después lanzando una campaña -de vergüenza ajena- para promoverse, y ahora como tiburón de la bolsa política ofreciendo una OPA (oferta pública de adquisición) por la candidatura del partido Alternativa.
Pero también el más inocente de los bebés igualmente sabe que el apetito personal se debe disfrazar de algo parecido a desinterés, simpatía o halago. El nene más díscolo del planeta sabe que si quiere obtener algo tiene que dar una sonrisita, una carantoña o algo parecido para envolver su ambición en un celofán aceptable a fin de hacerlo menos odioso. Ofrecer 100 millones de pesos para costear una campaña presidencial es un acto impúdico que le confiere a la política nacional un cariz detestable y plebeyo, por más vueltas que le den esos sospechosos liderazgos agrarios del naciente partido.
La política, es cierto, está basada en mentiras edificantes que le dan a las relaciones de poder una envoltura más agradable, menos prosaica. Los países, por ejemplo, invaden a otros para apropiarse de su petróleo, todo mundo lo sabe, pero disfrazan sus ambiciones de lucha por la libertad y coartadas similares. En el ámbito nacional, el apetito de poder y megalomanía de algunos actores se disfraza de entrega patriótica, emulaciones juaristas o voluntad de servicio. Y debo decir que es mejor que sea así. De otra forma el espectáculo sería indigesto.
La política necesita símbolos y caretas para melificarla y, hasta cierto punto, transformarla. La lección de Leopoldo Alas Clarín suena con fuerza en estos tiempos. El autor de La Regenta nos explica por qué el parecer es tan importante, o más, que el ser. El memorable pasaje de esa obra cumbre de la literatura española en el que el magistral le explica a La Regenta que debe exhibir su catolicismo de forma ostentosa lo dice todo:
"Hay que ser beata, es decir, no hay que contentarse con llamarse religiosa y vivir como un pagano, creyendo esas vulgaridades de que lo esencial es el fondo, que las menudencias del culto y de la disciplina quedan para espíritus pequeños y comineros, no hija mía, lo esencial es todo; la forma es fondo".
La frase ha tenido éxito en el lenguaje político mexicano, y fue reinterpretada y vigorizada por Reyes-Heroles, pero la esencia la da Clarín. Un político debe hacer profesión de entrega, dedicación y desinterés. Todo lo contrario de lo que ha hecho el Doctor Simi. Su aportación a la naciente democracia es nefasta, pues le quita al juego político la respetabilidad del casino para convertirlo en un garito. Un garito lamentable donde lo que prima es el dinero que de manera pornográfica se pone sobre la mesa.
Tener 100 millones no es pecado, pero usarlos para comprar una candidatura demuestra que en este país se ha perdido en algunos sectores el sentido de la moderación. Me pregunto a estas alturas, qué más veremos.
Hace unas semanas se comentaba la desfachatez de un joven senador que puso a subasta el logo de su partido y sin demasiados escrúpulos dos partidos pujaron por el mismo. El PAN, muy púdico, dijo que le pedía mucho, algo así como si el cuerpo de la meretriz no valiera lo que pedía, pero lo intentó. El PRI le llegó al precio y están unidos. Los jóvenes De la Garza y González tuvieron, por lo menos, el detalle de disfrazar la transacción con propósitos edificantes del tipo: "Me sacrifico para que salgan las reformas". Pero su tío ha demostrado la plebeyez, como ranchero rico, de sacar la lana por delante sin tapar el ojo al macho. Espero que las autoridades electorales no avalen el esperpento y respeten la candidatura de Patricia Mercado.
En cualquier caso, en el pecado original de Alternativa está su penitencia. Aliarse con sectores corporativos que sólo defienden el hueso a cualquier costa ha tenido un amargo aprendizaje. Esos líderes campesinos que han tomado por asalto una candidatura han demostrado su fidelidad a Vespasiano al demostrar que el dinero no tiene olor. Viniera de Salinas para que firmaran la reforma del 27 o del Doctor Simi, la pachocha es la pachocha.
Las clases de realismo del Doctor Simi y sus aliados, nos permiten ver que lo accesorio también ayuda, que una pátina de desinterés algo transforma y que el hábito, si no hace al monje, por lo menos lo modera. Con dinero baila el perro y Víctor González Torres ha puesto a bailar a sus canes.
Analista político