FELIPE Calderón Hinojosa, que empezó con aires pragmáticos, un discurso directo y una actitud de cambio generacional, logró repuntar, le ganó a Santiago Creel la candidatura de su partido y se colocó en el segundo lugar de preferencias electorales. Sin embargo, ahora pierde el impulso inicial en una campaña gris, de ocurrencias y retrocesos. Calderón olvida que ya no está en la pelea interna y que debe convencer a los que no tienen partido. La derecha mexicana, bien representada por el PAN, ha tenido históricamente aciertos, como su convicción democrática, la cual la ubica en el centro del espectro político, pero en términos ideológicos existe una inercia que la lleva a épocas premodernas y a actitudes fundamentalistas.
Calderón no puede pretender ser el candidato de una derecha moderna, laica, y al mismo tiempo afirmar en cadena nacional, como lo hizo el pasado día 23 de enero con López-Dóriga, que no permitiría la "píldora del día siguiente", que ya está en el cuadro básico de medicamentos, porque según él -quién sabe cuáles serán sus fuentes- es abortiva. Ya se ha demostrado médicamente que no es así. Todos los demás candidatos consideraron un avance a "la píldora del día siguiente" y se comprometieron a mantenerla, menos Calderón, con lo cual se pone por debajo de Fox en una materia particularmente polémica. A Fox se le acusa de muchas cosas, pero no de fundamentalista.
En los otros temas polémicos de la entrevista tampoco salió bien parado el candidato panista: está contra el aborto, la muerte asistida (eutanasia) y los matrimonios entre personas del mismo sexo, los cuales ya se realizan en varios países europeos. Al salirse por la conocida vía panista de decir "estoy a favor de la vida", asume una posición fácil porque si estamos ante temas polémicos y complicados, lo menos que se puede esperar de un candidato que busca votos es que no cierre las puertas, pero Calderón sigue instalado en esa parte del panismo que no ha sido tocada por la modernidad.
No se pide que la derecha tenga otros criterios en estas y otras materias, porque entonces dejaría de ser derecha, sino que, por lo menos, no cierre el debate y, por supuesto, que no haya retrocesos, lo cual puede hacer la diferencia entre una derecha fundamentalista y una derecha democrática.
Para ver las dimensiones del problema hay que recordar la batalla que se dio por la "píldora del día siguiente" entre un sector del panismo, que incluye a su presidente nacional Manuel Espino, y una parte del gabinete foxista, en donde está el secretario de Gobernación; pelea que afortunadamente perdieron porque el presidente Fox respaldó la política de su secretario de Salud, Julio Frenk.
Es importante establecer que dentro del gobierno panista existen sectores muy atrasados ideológicamente, en donde se puede ubicar al secretario de Gobernación, conocido como monseñor Abascal, quien ha dado todas las batallas ideológicas (desde su púlpito virtual, como dijo Monsiváis) como lo haría un fundamentalista, asumiendo posiciones en contra de la política pública que marca el Presidente y, sobre todo, en contra de su ubicación como cabeza de la política interior de una República laica. Va contra una sociedad que ha asumido la separación entre las iglesias y el Estado que se logró en el siglo XIX.
La defensa de la libertad religiosa la hizo Lock en su obra Ensayo sobre la tolerancia; la defensa contra el fanatismo religioso lo hizo Voltaire en su Tratado sobre la tolerancia. Desde entonces ha pasado mucha agua debajo del puente que nos llevó a la modernidad, es decir, a una larga y sangrienta secularización del cristianismo. La libertad de creencias es parte de un sistema democrático, pero no se puede aspirar a gobernar un país diverso y complejo, como México, con la tabla de sus valores personales por delante.
No hay discurso de campaña en donde Calderón no diga que el respeto a la ley es su prioridad; sin embargo, parece que cuando se trata de temas que cuestionan sus creencias religiosas, la ley queda relegada a los dictados de su doctrina. ¿Qué significa estar "a favor de la vida" y en contra del aborto? Que si llega a la Presidencia hará una reforma al Código Penal para prohibir cualquier caso de aborto. ¿Qué significa que quitará la "píldora del día siguiente" del cuadro básico de medicamentos? Que desde la Presidencia pondrá en la Secretaría de Salud a un representante de la derecha más conservadora para hacer una política de salud al gusto de sus valores personales.
El problema con estas declaraciones de Calderón es de significado. Si el PAN gana la Presidencia, ¿podemos estar ante la posibilidad de que las políticas públicas de salud tengan un retroceso al gusto de la derecha doctrinaria? De estas posiciones personales se pueden fácilmente empezar a generalizar y de la política en salud se puede pasar a la política de la censura. ¿Qué haría Calderón desde Los Pinos frente a un caso como el de la película El crimen del padre Amaro? ¿Respetaría la libertad de expresión o quizá no, porque puede estar en contra de esas visiones sobre el sacerdocio?
Calderón, como candidato, no se puede despegar de sus marcos doctrinarios. Si dice que quiere hacer alianzas amplias, ha hecho lo contrario. Como en el caso de sus adversarios, Calderón sabe que necesita del voto del heterogéneo sector de los que no tienen partido, de los que repudian el fundamentalismo. A estos grupos, que posiblemente definan la elección en julio próximo, se les llega desde posturas abiertas, con políticas incluyentes y apertura ideológica, es decir, desde una política laica que permita la tolerancia. Porque la doctrina panista sólo representa a una franja minoritaria de la ciudadanía.
Además de las posiciones ideológicas, Calderón no ha querido decir con quién va a gobernar y necesita hacerlo, porque si ese paquete incluye a goberndores autoritarios como el de Jalisco, que hoy tiene al PAN abajo en las encuestas de intención de voto, o a funcionarias como la actual secretaria de Sedesol, que representa una ignorancia que llega al ridículo para entender la pobreza, entonces sólo sumará votos en contra.
Los ciudadanos sin partido esperamos que el próximo gobierno tenga el llamado espíritu laico, que en palabras de Norberto Bobbio significa: "La posición mental y moral de la que nació el mundo moderno, las filosofías mundanas, la ciencia orientada hacia el dominio de la naturaleza, la idea de progreso a través del saber y la difusión de las luces y, sobre todo, la idea de tolerancia de los diversos cultos, entre los cuales también se encuentran los credos políticos".
Investigador del CIESAS