LOS 65 mineros de Pasta de Conchos en San Juan Sabinas fueron declarados muertos después de una larga semana de espera. Esta tragedia colectiva muestra con lentes de aumento las condiciones miserables en las que trabajaban estos mineros. Sus sueldos de hambre, sobre todo por las condiciones de trabajo peligrosas, insalubres y de alto riesgo para la vida. Por 400 pesos a la semana estos mineros arriesgaban la vida, quizá sin saberlo del todo. Varios de los mineros que murieron ganaban 18 veces menos que un minero en Estados Unidos. La proporción entre ingreso y riesgo en México es completamente desproporcionada. (EL UNIVERSAL, 25 febrero,2006).Las preguntas se multiplican y las responsabilidades se tienen que establecer para que no se abra un nuevo expediente de impunidad. El Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros hizo una acusación muy grave; dijo que en Pasta de Conchos ocurrió un "homicidio industrial". En esta acusación tiene que haber responsables, incluso el mismo sindicato puede llegar a tener una parte de la responsabilidad. Las condiciones de trabajo de los mineros supuestamente estaban acordes con un contrato de trabajo, pero después de la tragedia han empezado a salir datos que indican que días antes de la explosión había señales sobre la falta de condiciones de seguridad.
Industrial Minera México, encargada del yacimiento de carbón de Pasta de Conchos, tiene un proceso pendiente ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. De las inspecciones que se realizaron en 2005 hubo recomendaciones incumplidas, entre las que se puede mencionar, por ejemplo, el hecho de no haber cambiado "la caja de conexión eléctrica dañada y colocar protección metálica al cople de la bomba del diagonal 13 del auxiliar sur arrastre" (Milenio 24/II/06).
¿Fue esta omisión la causa de la explosión del 19 de febrero? ¿Qué otras cosas no hizo la empresa para asegurar condiciones de seguridad en la mina? ¿Por qué razón las autoridades del trabajo permiten que este tipo de minas funcionen en condiciones de inseguridad? Vista en retrospectiva, la mina se convirtió en una trampa mortal que sólo esperaba una pequeña chispa para explotar, como ocurrió la madrugada del domingo 19 de febrero. El grupo minero México, que está al frente de Pasta de Conchos, es un buen negocio; según la información del Consejo Coordinador Empresarial, durante 2005 sus ventas fueron por 5 mil 193 millones de dólares, 23.5% más que en 2004. Se trata de una empresa que tiene 19 mil 143 empleados, de los cuales 75% son obreros (EL UNIVERSAL, 24/II/06). Los márgenes tan amplios de ganancias hablan de un negocio muy rentable, sobre todo frente a los salarios miserables que pagan.
Durante toda la semana pasada, el país se informó a través de los medios masivos de lo que pasaba con la tragedia de Pasta de Conchos. La televisión trasladó a sus comentaristas titulares y diariamente por medio de imágenes se reportaba la situación de la mina. Sin embargo, desde la televisión sólo se podía seguir una suerte de telenovela minera, era la transmisión de los afectos inmediatos, los días de una espera que se contabilizó en horas y generó las expectativas de un rescate que nunca llegó. Pasaban los días y la situación de la mina complicaba el rescate. Los familiares de los mineros hacían guardia día y noche a la espera de las noticias. La información fue predominantemente afectiva, nadie quería tocar los temas conflictivos para responder por qué razón se había llegado a generar la tragedia.
El periodismo de investigación lo hacía la prensa escrita, mientras la televisión, y un poco la radio, trasmitían la desesperada imagen de una larga espera. Al quinto día, cuando el secretario del Trabajo hizo el anuncio de que no había condiciones para seguir con el rescate, los ánimos se desbordaron. Se administró la información de forma poco transparente, se construyeron expectativas falsas y en el momento menos propicio, con el anuncio de la muerte de los mineros, se hizo la oferta económica para las indemnizaciones. Un familiar lo dijo: "Estuvieron muertos todo el tiempo, sólo que no lo quisieron decir" (EL UNIVERSAL, 26/II/06).
Ahora la certeza de la muerte marcará otra etapa en la tragedia de Pasta de Conchos. Posiblemente el interés mediático vaya a bajar de forma considerable, así pasa con la dinámica noticiosa, con lo cual la ventana de oportunidad para ver los problemas de fondo se cerrará y las preguntas seguirán sin respuesta. ¿Cómo se permite operar a estas compañías mineras en estas condiciones? ¿De qué tamaño es la incompetencia del Estado para reglamentar y, sobre todo, para hacer cumplir las reglas? ¿Cuál es la jerarquía de responsabilidades entre empresa, sindicato y autoridades laborales?
De forma cada vez más crítica, la legalidad que obligadamente tiene que respetarse se vulnera. El Estado mexicano se ha debilitado de forma preocupante y es desafiado o simplemente ignorado por los grupos de interés. Los casos son muy diferentes, pero tienen en común el mismo problema: la violencia contra la legalidad y el estado de derecho. En el caso más extremo se encuentra el crimen organizado y el narcotráfico que todos los días desafía a la autoridad. En estos días ha salido al aire la señal del Canal 40 y todavía no se termina el litigio, pero queda una gran ausencia, por decir lo menos, del gobierno federal ante el poder de una de las grandes televisoras, la del Ajusco.
El caso de Pasta de Conchos puede caer en la negligencia de autoridades incompetentes y complicidades con la empresa y con el sindicato, al que ahora se le acusa de quedarse con 55 millones de dólares de un fideicomiso que se tenía que repartir entre los trabajadores y no se hizo (Reforma, 26 /II/06). Sindicalismo opaco y corrupto.
La legalidad tiene una manufactura defectuosa, envejecida y con huecos, y la capacidad pública para regular resulta muy deficiente. Después del "homicidio industrial", llegó el momento de empezar las investigaciones para fincar responsabilidades y acotar el amplio espacio de la impunidad. Así como los familiares de los mineros exigían, "díganos la verdad, si están vivos o no", la sociedad exige a las autoridades una investigación a fondo, por algún lugar hay que detener la complicidad, porque las consecuencias son demasiado altas para que sólo las sigan pagando los más desprotegidos, los mineros que arriesgan su salud y la vida por 94 pesos diarios en pleno siglo XXI.
La inercia lleva a pensar que Pasta de Conchos tendrá el mismo destino de otras tragedias, que como dijo un voluntario que ayuda a la reconstrucción en Nueva Orleáns: "Cuando se van las cámaras de televisión, la miseria y la devastación siguen existiendo" (EPS, 26/II/2006).
Investigador del CIESAS