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LOS caudillos son producto de las etapas fascistas por las que han atravesado diversos gobiernos de estados contemporáneos. Sus fotos muestran que en su mayoría han sido individuos chaparrones, atildados, peludos o calvos, casi todos con remilgados bigotes. Son personajes astutos, temerarios que, con el apoyo de las altas jerarquías castrenses y eclesiásticas, de las élites de las finanzas, la industria y el comercio, y la cúspide de la burocracia estatal, han ofrecido y ofrecen a sus sociedades, momentáneamente masificadas, la restauración de su grandeza nacional que perdieran como resultado de guerras o de fallidas concepciones económicas. Los caudillos son dirigentes místicos, pasionales adherentes a una doctrina que postulan como instrumento infalible para conducir a ofendidas sociedades a un nuevo milenio de prestigio: la Roma imperial, la Alemania prusiana, el Imperio del sol naciente, la restauración del Sacro Imperio medieval, o el ingreso a la modernidad, al "hoy por hoy", carente de historia y de futuro. Son Mussolini en Italia de 1920, Adolfo Hitler en Alemania de 1933, Francisco Franco en España de 1939, y el Saibatsu en Japón de 1895 a 1945. Son los gorilas iluminados que llegaron al poder en países de este continente durante los años 50 y en las últimas décadas del siglo XX. También los halcones que tomaron vuelo durante el primer año del nuevo milenio. El caudillo, el guía, surgido de la amalgama fascista, no tiene moral. Maneja una maquinaria que extermina a quienes se oponen a sus designios redentores y propósitos purificadores religiosos o raciales. El Fuhrer es el caudillo que hace rodar las unidades Panzer en Blitzkrieg sobre Polonia y Checoslovaquia; Il Duce
es el que ordena a sus legiones marchar, acariciadas por vaporosas oriflamas, hacia las regiones irredentas de la bota itálica y cruzar el Mediterraneo, navegar por el mar Rojo y desembarcar en Eritrea para apoderarse de Abisina. Otro más es el generalísimo Franco que ordena a sus falanges, apoyadas desde el aire por la Wermacht de El Fuhrer, matar niñas, niños, jóvenes, mujeres y viejos que atraviesan el campo español y, finalmente, arrasar Guernica. Un aglomerado de caudillos es el Saibatsu que arma a los ejércitos japoneses, los cuales a lo largo de 50 años invaden China, Rusia, se anexan Corea, se apoderan de Manchuria, atacan Hawaii al final de un implacable vuelo trasatlántico, y después ocupan Las Filipinas. Ninguno de los presidentes centro y sudamericanos, ni los jefes de las 98 delegaciones de igual número de estados que asistieron a la ceremonia, formularon admoniciones respecto del supuesto peligro de la llegada al subcontinente iberoamericano de presidentes y presidentas a quienes los prohombres conservadores califican de izquierdistas. Tanto Kirchner, el más contestatario de los presidentes izquierdistas, como Luiz Inácio Lula da Silva, el más izquierdista de los mandatarios "izquerdistas", tendrían que haber sido reclasificados como ultras. El último, al dar la bienvenida a sus colegas de aquí y de ultramar, se atrevió a describir "a esta América que cambia, donde estamos felices por la histórica llegada de una mujer como Michelle". Hija de un general del Ejército chileno asesinado por los militares golpistas, Bachelet estuvo un tiempo en la cárcel durante la dictadura. Tiene 54 años, es pediatra y madre de tres hijos. El presidente Lagos la nombró ministra de Salud y luego de Defensa. La coalición centro-izquierda que la llevó a la presidencia, conformada por los partidos Demócrata Cristiano, Socialista, Por la Democracia y una agrupamiento de partidos radicales socialdemócratas, tendrá mayoría simple en el Congreso: 65 diputados de 120 y 20 de los 38 senadores. Ninguno de los presidentes que estuvieron en su toma de posesión advirtió al mundo de los "peligros" que representa Michelle Bachelet para la inversión europea y estadounidense. Bachelet se comprometió a propiciar que Chile sea el primer país del mundo donde hombres y mujeres compartan por igual los cargos en la administración de los tres órdenes de gobierno. Las mujeres chilenas obtuvieron el derecho a votar en 1952. Pero hasta 1990 sólo seis habían desempeñado carteras en el gabinete presidencial en contraste con los 490 hombres que ocuparon esos cargos. Por primera vez en 50 años un presidente de Bolivia asiste a la toma de posesión del Ejecutivo chileno y ambos platican de inmediato a pesar de que sus respectivos países no mantienen relaciones diplomáticas plenas. Treinta jefes de Estado y de gobierno asistieron a la toma de posesión. También estuvieron los encargados de las relaciones exteriores de México y de Estados Unidos, respectivamente Luis Ernesto Derbez y Condoleezza Rice. En una de sus últimas actividades como gobernante, Lagos afirmó: "¡Ya era hora de que Chile fuera mirado por una mujer!" El sábado 11, Ricardo Lagos entró por última vez a La Moneda por la puerta de Morandé 80, por la cual fue sacado el 11 de septiembre de 1973 el cadáver del presidente Salvador Allende. Esa puerta fue tapiada por el régimen militar. En la misma fecha, 30 años después del golpe, Lagos la abrió para que por allí entrara oxígeno democrático. Sin solemnidades, Michelle Bachelet tomó posesión del cargo en el Salón de Honor del Congreso en Valparaíso, distante 120 kilómetros de Santiago, arropada por la mayoría de los presidentes sudamericanos y representantes de 98 delegaciones de todo el mundo. "No queremos repetir los errores del pasado. Soy depositaria de una historia que tuvo momentos grises y amargos, pero que ha sabido recuperarse", dijo en paráfrasis del discurso desesperado que pronunciara Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 antes de morir, "en un momento gris y amargo". Su formación, su filiación política, su actuación, dotaron a Bachelet de una moral de la que carecen los políticos del jaez de aquellos que alertan sobre los peligros que representa el "retorno de los caudillos de la izquierda" en Latinoamerica.que "sólo debilitan las democracias de la región". Profesor de la FCPyS de la UNAM
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