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En estados unidos se está de-batiendo si existe o no un liderazgo para el movimiento que está luchando por los derechos de los migrantes. Estamos acostumbrados a que movimientos sociales de esta naturaleza tengan alguien muy visible que los encabece y en torno del cual se agrupan los distintos grupos que organizan las acciones. Así fue cuando Gandhi luchó por la independencia de la India y cuando en Estados Unidos Martin Luther King y César Chávez lo hicieron por los derechos civiles de negros y de trabajadores agrícolas hispanos. Y sin embargo, en el movimiento de ahora, no ha habido un líder visible, sino que han sido varias organizaciones las que han convocado y organizado las marchas y protestas. Esto puede leerse de maneras distintas. Una lectura podría ser que está naciendo una nueva forma de funcionamiento de la llamada sociedad civil, que sería más democrática porque los movimientos sociales se organizan de manera horizontal y son capaces de negociar sus diferencias sin sacrificar nada al carisma de una persona. Pero podría también leerse simplemente como una carencia que muchos quisieran remediar. Por ejemplo, una mujer de las que marcharon el 10 de abril en Phoenix, Arizona, lo expresó así en una entrevista para la radio local: "Necesitamos líderes políticos" y varios políticos han insistido en que convendría que existiera un liderazgo y hasta han tratado de buscarlo, como el alcalde de Los Ángeles de lejano origen mexicano y algunos representantes a los congresos locales. Incluso, hay quien de plano ha decidido atribuírselo, como es el caso de la Iglesia católica estadounidense. Según el representante de la Pastoral de la Iglesia de Dolores en Los Ángeles, California: "El sector eclesiástico católico de Estados Unidos refuta las consideraciones de diversas voces que inicialmente señalaban que las megaconcentraciones y las marchas de la comunidad migrante realizadas en diversas ciudades fueron actos espontáneos. Por el contrario, el clero señala que desde un principio. la decisión de participar en este movimiento vino de donde debía venir, de los obispos". Según esta persona, el liderazgo lo ejerce el cardenal Roger Mahoney: "Con él hemos ido participando no solamente en el aspecto religioso sino con las diferentes organizaciones que trabajan con migrantes, refugiados y líderes comunitarios y nos hemos comprometido a responder en este momento crucial". Si fuera cierto este liderazgo que pretende atribuirse la Iglesia, significaría que estarían cambiando las reglas del juego, ya que las marchas y protestas han sido desde mediados del siglo pasado convocadas por las organizaciones progresistas. Es decir, que se estaría haciendo uso de una herramienta liberal por parte de una institución conservadora, jerárquica y autoritaria. Pero esto cabría perfectamente en dos lógicas, por una parte la realidad de que hoy día Estados Unidos es una sociedad conservadora y por otra la de que los mismos latinos o hispanos participan de esos valores y lo único que desean es formar parte de esa sociedad, no modificarla. No cabe duda que la Iglesia ha participado intensamente en el apoyo a los migrantes hispanos en Estados Unidos, y eso no solamente porque se trata de millones de personas que le aseguran gran fuerza y poder, sino porque también significa un triunfo en el seno de una sociedad protestante, con la que tradicionalmente ha estado enemistada, sobre todo fuera de Estados Unidos y de manera particular en el sureste mexicano. Pero eso no significa que tenga el liderazgo único, ni siquiera el principal, sino solamente uno más de los muchos que existen, ya que hay enormes organizaciones que lo ejercen también, desde el Consejo Nacional de la Raza, de alcance nacional, hasta montones de ONG locales. Resulta significativo que en este momento, la Iglesia haya decidido que su liderazgo está por encima del de las organizaciones sociales, porque mientras éstas convocan al boicot del 1 de mayo, aquélla lo rechaza argumentando que se trata de una medida extrema a la que no conviene llegar. Entonces para los hispanos se presenta una situación compleja de dos liderazgos fuertes enfrentados entre sí respecto de un asunto crucial para el movimiento. La prueba de fuego va a ser ese día. ¿Les harán caso a quienes están pidiendo que no se haga el boicot con el argumento de que no debe afectarse al país en el que quieren vivir? ¿O les harán caso a quienes consideran que es importante seguir haciendo demostraciones de fuerza y que no se pierda el empuje adquirido? sara.sefchovich@asu.edu Escritora, investigadora en la UNAM
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