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    Urge algo de sensibilidad
Enrique del Val Blanco
23 de noviembre de 2006

A escasos 15 días de que la nueva administración federal empiece a gobernar, algunos hechos demuestran que en realidad ya lo está haciendo, y el ejemplo más claro han sido los aumentos anunciados en los precios de dos tipos de gasolinas y de la leche que vende el gobierno a través de la entidad pública Liconsa, por cierto una sobreviviente de la política de acabar con las empresas paraestatales aplicada en los últimos tres sexenios.

Ésta, que podríamos denominar la primera acción real del nuevo gobierno, esmás que desafortunada en ambos aumentos, y es quizás, una muestra muy preocupante de que continuará la poca sensibilidad en materia de aumento de precios al consumidor.

Aunque se trate de justificar la necesidad diciendo que fue el actual gobierno colmado de tonterías el que la tomó y llevó a cabo una medida de tal naturaleza faltando tan poco tiempo para el cambio de administración, tiene que haber sido con la anuencia del futuro presidente.

Estos aumentos están en concordancia con la biblia de los economistas que han tenido la sartén por el mango desde hace tres o cuatro lustros, para quienes los precios deben reflejar la realidad y los subsidios otorgarlos puntualmente de manera "focalizada" y que no haya dispersión en ellos y mucho menos "desperdicio". Es malo desperdiciar dinero en los pobres, en los ricos es otra cosa. Así piensan y por lo tanto así actúan.

Quizá no hay país en el mundo donde, desde hace tres sexenios, los precios de los energéticos crezcan mensualmente determinados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), a la cual se le dio la facultad para hacerlo, y de esta manera nos encontramos que este mes de noviembre no sólo se han conformado con el aumento mensual de las gasolinas sino que ahora, además y no en sustitución, establecen un aumento adicional provocando, según cálculos de los especialistas, que de diciembre de 2005 a este diciembre el precio de la gasolina Premium aumente como mínimo 8%, muy por encima de la tasa de inflación esperada y anunciada por el gobierno.

La principal justificación de este aumento radica en el hecho de que como la mayor parte de la citada gasolina se importa -según se informa, las dos terceras partes de lo que se consume en el país-, hay que acercar los precios a su nivel real. Una de las primeras observaciones que hay que hacer es que esta situación es el resultado de la escasa inversión que el gobierno hace en la empresa paraestatal Pemex para establecer refinerías y estar en condiciones de evitar la importación de dicha gasolina. Pero esto no entra en los supuestos lógicos e ideológicos de los economistas gubernamentales.

Además, desde el punto de vista ambiental parece un contrasentido aumentar los precios de las gasolinas más sanas y limpias para el entorno, mandando un mensaje equivocado al dejar sin aumento, es decir, con el mismo precio aquellas que contaminan, y de una manera severa, el medio ambiente de muchas ciudades del país.

Entre las argumentaciones que utiliza el gobierno está el decir que el impacto del incremento del precio de estos productos en la inflación es menor, sin considerar que, utilizando los términos que tanto les gustan, la percepción de los productores y los consumidores se verá afectada por este aumento, independientemente de que tenga mucho o poco impacto inflacionario. Hasta ahora el aumento mensual había pasado casi inadvertido, que por lo demás esperamos deje de suceder, y ya hay algunos ejemplos de ello.

Además, también hay que tomar en cuenta que tanto la energía eléctrica como el gas tienen aumentos mensuales desde hace varios años y no sabemos hasta cuándo parará esta escalada de precios que afecta a los consumidores de una manera directa.

Pero quizá más grave que el aumento al precio de las gasolinas es el de la leche, que vende el gobierno, a la cual, sin mayor problema para los que tomaron la decisión, le aumentaron un peso, es decir, cerca de 30%, lo que representa un golpe artero a los ingresos de los que menos tienen, razón por la cual tanto los diputados como los senadores trataron de impedir dicho aumento, pero no se tuvo éxito en la primera ocasión debido a la negativa de los representantes del Partido Acción Nacional (PAN) en ambas cámaras. Lo más que se logró fue turnarlo a la Comisión de Desarrollo Social de la Cámara de Diputados; demostrando claramente cuán insensibles fueron a esta justa demanda.

Pero han reaccionado los panistas y este martes pasado el pleno de la Cámara aprobó por unanimidad exhortar al Ejecutivo federal a revocar el incremento en el precio de la leche. Es por estas acciones que cae por su propio peso la declaración del Presidente el pasado mes de agosto, cuando dijo que "la inflación está bajando y por tanto se protege el salario de los trabajadores, cuyo ingreso no pierde valor". Será valor de uso lo que no pierde.

La declaración de la SHCP sobre estos aumentos es quizás otro de los mitos geniales que tanto le gustan. Menciona que el aumento tendrá un impacto marginal en el índice de precios al consumidor. Lo único verdaderamente marginal hoy en nuestro país es el salario de los trabajadores, ésta es la realidad. Una vez más se da un golpe a los que menos tienen sin importarles las consecuencias, que en estos casos no se harán esperar, pues ya estamos viendo aumentos en otros productos básicos, ya que como hemos dicho, la percepción de los productores cambiará de inmediato con los aumentos anunciados.

El próximo gobierno tendrá que pagar las consecuencias de haber aceptado estos incrementos a la hora de pactar los aumentos de salarios contractuales, no sólo de los que se revisen a principios del próximo año sino de los que se revisaron en los últimos tres meses de este año, pues de plano engañaron a los trabajadores y no se quedarán sin hacer nada. Si el próximo gobierno ya tiene problemas políticos graves de aceptación, ahora se le contaminarán con estos aumentos de precios y le harán pasar horas amargas antes y durante los primeros meses de su gestión. No había ninguna necesidad de abrir otro frente y menos éste; pero por lo visto la sensibilidad es una cosa que tiene un valor que no conocen.

Analista político y economista

 
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PERFIL
 
Analista político y economista. Secretario general de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también actuó como contralor general. En el ámbito público, fue subsecretario de la Contraloría y subsecretario de Desarrollo Social.
 
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