| El nuevo gobierno que entra en funciones mañana ya casi ha completado las designaciones de sus principales funcionarios, dejando una impresión de un gabinete bastante conservador y escaso de capacidades para lo que requiere el país que tendrá que gobernar durante los próximos seis años. Las fallas que se han mostrado al retrasar los nombramientos de algunos de los miembros del gabinete anunciados para determinado día y hora no son buenos augurios de un manejo eficiente de los asuntos públicos y de la manera de gobernar, sino más bien parecería que todavía andan con varias dudas, con lo que en lugar de corregir a tiempo enseñan su novatez. El futuro gobierno ha anunciado 100 acciones para iniciarse en los primeros 100 días, las cuales son un catálogo de buenos deseos en algunos casos, y en otros, repeticiones de gobiernos anteriores. Desde luego que muchas de ellas suenan bien. Sin embargo, a la luz de los acontecimientos y las declaraciones de algunos de sus nuevos funcionarios son totalmente impracticables. Para más de la mitad de estas acciones se requerirían recursos adicionales a los que el gobierno federal ha asignado tradicionalmente, y esto sería muy bueno si no conociéramos a quienes conforman el gabinete económico y, sobre todo, las primeras informaciones que han dado algunos de ellos en cuanto a que para el próximo año el país crecerá a un ritmo menor que el que se espera tendremos durante este 2006. Si ya empezamos con una idea de derrota frente a la realidad y con este futuro de menor crecimiento económico, muchos queremos saber cómo le van a hacer para cumplir todas las promesas para los primeros 100 días de gobierno, que requieren desde ya de recursos adicionales y que en varios casos ascienden a miles de millones de pesos. Durante los seis años de la administración que termina el presupuesto federal se manejó conforme a los cánones establecidos por los organismos internacionales, muy bien aprendidos en las escuelas de negocios privadas que los enseñan en México. Y al parecer, la tradición continuará con el gobierno entrante, donde también varios de sus integrantes son de la misma escuela de pensamiento económico, que lo único que ha logrado en nuestro país es mantener a la mitad de la población en condiciones de pobreza; pero, eso sí, sin déficit fiscal y con estabilidad financiera, como le llaman. ¿Para qué les ha servido a 50 millones de mexicanos tener esta estabilidad si sus condiciones de vida no sólo no mejoran sino que empeoran, y varios de estos millones sólo la libran gracias a los programas asistenciales, que por cierto tanto odian dichos funcionarios? Por eso es que ya basta de seguir con la misma película. Este gobierno que termina, del que varios de los que están entrando en el nuevo ya participaban de una u otra forma, no pudo lograr que se aprobaran en el Congreso de la Unión las reformas que supuestamente nos darían un mejor panorama de vida y, por lo que estamos viendo, no es posible que con el actual Congreso se vaya a avanzar. En varios temas, como la evasión fiscal, estamos peor debido a la terrible ineficiencia que hubo en las autoridades hacendarias para hacerle frente y que por lo visto continuará, convirtiéndose en un obstáculo muy grave porque se pone como condición para obtener más recursos y estar en condiciones de atender las necesidades sociales. Si en verdad este nuevo gobierno quiere reducir la pobreza de una manera sistemática tiene como requisito fundamental modificar sus prioridades en materia económica y social, despojándose de todo el bagaje ideológico que nos ha mantenido en las condiciones donde estamos, y a partir de ello poner al ser humano, pero no como declaración grandilocuente sino en la realidad, en el origen de todo. Esto significará, por ejemplo, que tendrá que haber más recursos para salud, más allá de declarar que se va a fortalecer el "Seguro Popular", que deberá someterse a una rigurosa auditoría del manejo de los recursos y de su viabilidad; y para la educación con la finalidad de evitar que millones de mexicanos no puedan acceder a ella. Es una vergüenza que el objetivo que se plantea el nuevo gobierno de aquí a seis años sea llegar a 35% de cobertura en educación superior. Sería conveniente que sus especialistas dijeran qué van a hacer, qué van a ofrecer a los jóvenes que no lograrán acceder a la educación. También tendrá que haber más recursos para infraestructura, que además de resolver un problema que cada día es más acuciante en nuestro país, permitiría crecer en el empleo, que es uno de los problemas más graves que esta administración dejó de lado, mostrando su incapacidad para generar trabajo para los jóvenes. La propuesta que hace el nuevo gobierno de eliminar las cuotas patronales al IMSS por un año a aquellas empresas que empleen jóvenes es una copia de la propuesta fallida en Francia que causó un verdadero caos durante varios meses en ese país y que al final fue derrotada, pues se veía, y lo mismo puede pasar en nuestro país, que se convertiría en una forma barata de tener empleados, sin pagar las cuotas de seguridad social tan sólo cambiándolos cada año. Las presiones de los organismos internacionales hacia los nuevos funcionarios no se han dejado esperar, como la que hizo esta semana la señora Larre, economista para México de la OCDE, que indicó que nuestro país no tiene la opción de déficit fiscal y criticó a los actuales funcionarios de la Secretaría de Hacienda al mencionar que no tomaron medidas bajo un entorno favorable petrolero y de abundancia de ingresos. Es decir, durante seis años, con mayores recursos hemos tenido presupuestos restrictivos, intentos de déficit fiscales cero, cumpliendo rigurosamente con los ordenamientos de los organismos internacionales, y pese a eso debemos seguir con la misma política, que significa más pobreza para los mexicanos. Por otro lado, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, de visita en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, expresó claramente que si el futuro gobierno sigue con las políticas económicas y públicas que promueve el FMI, las expectativas para los mexicanos no serán muy favorables. Muchas de las propuestas no resultan viables, a menos que el presupuesto de egresos sufra un cambio radical. Estamos a unos días de conocerlo, pero si sigue la tradición de los últimos seis años el nuevo gobierno va a empezar mal, muy mal, en cuanto a sus 100 acciones para 100 días. Analista político y economista |