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    El candidato Obama
Alberto Aziz Nassif
10 de junio de 2008

Las elecciones primarias en Estados Unidos han terminado. Barack Obama ganó la nominación del Partido Demócrata y Hillary Clinton finalmente reconoció la victoria de su contrincante y otorgó su apoyo al senador por Illinois. La intensidad de esta contienda, los millones de dólares gastados y los más de 36 millones de electores nublan la idea de que sólo fue la primera parte del camino hacia la Casa Blanca. Ahora sí iniciará la campaña frente a los republicanos.

Estas elecciones expresan deseos de cambio ante las oxidadas inercias de un sistema democrático que llegó a generar una presidencia como la de Bush, considerada una de las peores administraciones que se recuerde en décadas. Como una forma de tomar distancia frente al desastre que representan ochos años de un conservadurismo extremo, millones de ciudadanos han visto la posibilidad de dar un giro mediante las opciones que durante cinco meses se disputaron la candidatura demócrata: un afroestadounidense y una mujer.

La segmentación de los votantes ha marcado esta contienda interna: por una parte, mujeres, hispanos y trabajadores blancos fueron bastiones para Hillary; por la otra, el voto negro, profesionistas jóvenes, nuevos votantes, independientes y estudiantes universitarios han decidido que la bandera de cambio y unidad de Obama es lo que necesita el país para el futuro inmediato.

Experiencia política o frescura, factor de género o multiculturalidad, cambio o continuidad, han sido piezas que sehan movido en el tablero de estas concurridas primarias que, independientemente del resultado del próximo 4 de noviembre, han marcado los tiempos y momentos de un proceso político que está por entrar a su fase definitiva.

Es importante observar cómo se han movido las expectativas políticas, porque quizá representan un giro fundamental para resarcir las rutas del desencanto ciudadano de los últimos años. Este tipo de giros se logran cuando se combina una crisis de credibilidad con los errores de una administración como la de Bush: guerra en Irak, política fiscal regresiva, ignorancia de lo ambiental, unilateralismo en política exterior, recesión económica, pérdida de liderazgo internacional. Estos serán los temas importantes de la campaña y sobre ellos se ubicarán las agendas de los dos contrincantes, Obama y McCain. No se trata de un simple cambio de partido para ajustar modificaciones cosméticas a una agenda similar, sino de un cambio mayor en la agenda pública de Estados Unidos. Por lo menos eso es lo que han creído los millones de votantes que han participado en estas primarias.

Obama tendrá que adecuarse de ahora en adelante a una competencia distinta. Se terminó la época de las “diferencias marginales” con Hillary, como lo señaló The New York Times, y ha llegado el momento de discutir a fondo las diferencias importantes. Tener a John McCain de contrincante representa una tarea complicada, sobre todo porque se trata de un moderado al cual no será fácil arrinconar bajo la etiqueta simple de que sería un tercer periodo de Bush. McCain también ubica su proyecto como un cambio.

Ahora Obama se enfrentará a dilemas internos y externos. En su partido, la intensa competencia que representó la contienda y lo relativamente cercano de los resultados dejan a un electorado dividido e, incluso, polarizado. Este es el primer problema de Obama: qué hacer con Hillary. Después de que el pasado martes 3 de junio, ella decidió permanecer en la escena y tomarse tres días para fijar su posición; la crítica fue implacable contra la senadora por Nueva York, un ejemplo fue el editorial que se llamó “Ella está todavía ahí”. Sin reconocer su derrota, pero respaldada en sus millones de votantes, la ex primera dama se puso a disposición de su partido para negociar, quizá, el boleto de la vicepresidencia.

El sábado Hillary anunció su reconocimiento a Obama y pidió a sus seguidores apoyarlo. La pregunta es si será la compañera de fórmula de Obama. Pronto lo sabremos, pero mientras tanto se trata de una decisión estratégica, con puntos negativos y positivos. En el electorado que apoyó a Hillary existe un sector que prefiere irse con McCain, antes que votar por Obama. También hay opiniones que afirman que Barack la necesita para ganar el 4 de noviembre y que la fórmula sería poderosa para sacar a los republicanos de la Casa Blanca. La otra parte de la historia es que para otros sectores ella representa una contradicción para Obama, sus ofertas de cambio y la renovación en Washington que pretende hacer el senador por Illinois. En suma, sería complicado para Obama sostener la tesis de la unidad nacional con Hillary en la boleta electoral, pero sería un riesgo para la coalición demócrata dejarla a un lado.

Hacia afuera de su partido Obama necesitará establecer una estrategia convincente frente a John McCain y la agenda republicana. Se trata, sin duda, no sólo de estrategia, sino de compromisos para construir una nueva coalición electoral que pueda ganar en noviembre. La estrategia en las internas fue muy exitosa y contundente, pero ahora necesitará ajustes importantes. Los cómos serán un elemento clave. Los compromisos y la necesidad de ampliar los apoyos tendrán que pasar necesariamente por nuevos equilibrios en la agenda. Superar vetos, ampliar base de apoyo, sumar aliados, obtener recursos económicos, significa matizar, y en ese giro se puede llegar a perder la frescura de los grandes compromisos innovadores de cambio que propuso Obama entre enero y mayo.

A pasar de que la campaña será corta, la disputa por los votos será intensa. Según el promedio de las encuestas, ahora la distancia entre Obama y McCain es de sólo tres puntos porcentuales a favor del primero (47-44). Sin duda, el deseo de cambio será uno de los vectores de la campaña, pero también los riesgos y la certidumbre que pueda generar cada uno de los dos candidatos.

Investigador del CIESAS

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación.

También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.

 
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