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A un año del tsunami

Fitra Shibab, residente de Banda Aceh, nunca olvidará la mañana del 26 de diciembre de 2004, cuando una ola gigantesca arrasó con su casa y su familia. Junto con él, millones en el sureste asiático recuerdan la tragedia que cambió sus vidas para siempre

J. JAIME HERNÁNDEZ
El Universal
Domingo 25 de diciembre de 2005

"Dios mío, ¿por qué nos has abandonado?¡". Fitra Shihab, un modesto empleado de la compañía de electricidad en Banda Aceh, Indonesia, invocaba así a sus dioses la mañana del 26 de diciembre del 2004, poco después de que su familia y su casa fueran sepultadas bajo una montaña de barro y escombros. En cuclillas, junto a su bicicleta llena de barro, Fitra se mecía el cabello mientras repetía, en forma de mantra, la fatídica frase, tratando de encontrar una respuesta al escenario de muerte, destrucción y desolación que dejó a su paso la mayor catástrofe natural de nuestro tiempo.

Un año más tarde, un correo electrónico de Fitra, que se ha mudado a la vecina ciudad de Medan, me narraba lo siguiente: "Cada semana procuro llevar flores adonde estaba mi casa. El recuerdo de mis hijos y mi esposa a veces no me deja dormir. El recuerdo y las dificultades para sobrevivir me han obligado a mudarme a Medan, donde intento rehacer mi vida al igual que cientos de miles que han perdido a sus familias".

A un año de la tragedia del tsunami, que dejó 231 mil 452 muertos y desaparecidos y sumió en el caos y la destrucción a 1.8 millones de habitantes en 13 distintos países del sudeste asiático, las cicatrices siguen sin cerrar. Fitra confiesa que, entre sueños, aún sigue contemplando, "paralizado de miedo" las olas de 10 metros de altura que llegaron a más de 500 kilómetros por hora, "para quitarme lo que más quería y para dejarme la sensación de que, a lo mejor, estaba pagando por los pecados cometidos en otra vida".

Según el más reciente informe de Intermon Oxfam, las heridas económicas, sociales y psicológicas que dejó el tsunami aún siguen abiertas y, en muchos sentidos, la vida nunca volverá a ser la misma para millones de afectados.

"Por eso, la respuesta a esta tragedia tiene que ser como un maratón, porque de nada servirá inyectar fondos y resolver problemas urgentes de vivienda o salud, mientras muchas comunidades sigan castigadas por la pobreza, la marginación, la desigualdad y la amenaza constante de conflictos", aseguró Mary Robinson, presidenta honoraria de Intermon Oxfam. Según las cifras de esta organización, de los más de 11 mil 400 millones de dólares donados por ciudadanos, empresas y donantes gubernamentales en los meses posteriores a la tragedia, sólo 30% ha sido invertidos en algunas de las comunidades más afectadas en Indonesia, Sri Lanka y Somalia.

El trabajo de reconstrucción, aseguran, "se comienza a notar" pero reconocen que "aún falta mucho por hacer", mientras las comunidades afectadas se desesperan ante el laberíntico proceso que recorren las ayudas antes de llegar a sus destinatarios finales.

Organizaciones religiosas o no gubernamentales como Cáritas han lamentado que la avalancha de ayuda que inundó cuentas bancarias o terminales aéreas, siga llegando a cuenta gotas o desaparecido en los bolsillos de funcionarios corruptos. A un año de la tragedia, cientos de miles de damnificados siguen esperando en sus tiendas de campaña a que se cumplan las promesas de nuevas casas, trabajo y escuelas.

A un año de la peor pesadilla contemplada por el mundo, cientos de miles de víctimas se siguen preguntando, además, por qué ninguna autoridad avisó con antelación a las poblaciones y ciudades costeras de 13 países que fueron engolfadas por el tsunami de proporciones bíblicas provocado por un terremoto la mañana de aquel 26 de diciembre.

Ayer, un grupo de sobrevivientes hizo zarpar una lancha cargada con flores, velas e incienso, en la primera ceremonia por el aniversario del maremoto. Se trató de la primera de varios cientos de ceremonias para conmemorar el aniversario del cataclismo que tendrán lugar en los países afectados.

Por el momento, ningún gobierno u organismo multilateral ha lanzado el ea culpa mientras la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la ONU ha informado que trabaja a marchas forzadas para conseguir la puesta en funcionamiento de un sistema provisional de alerta temprana que ha costado 53 millones de dólares para evitar que, la próxima vez que un tsunami golpee las costas del sudeste asiático, la pesadilla se vuelva a repetir

 
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