Doña María del Refugio reflexiona y asegura que lo único que ha cambiado en su vida “es que el año pasado había cosas que empeñar y este año ya me quedé sin joyas”.Aunque al decirlo, su esposo, don Juan; la hija menor, Maritza Marlene, y ella misma sueltan la carcajada. “Nunca habíamos sentido una crisis tan gacha como esta, aún la de 1994 a nosotros no nos pegó tan feo”, dice doña Cuca.
El capitán de la familia nuevoleonesa de cinco integrantes resume sus comentarios al describir que durante 2008 vendían 16 paquetes de tortillas diarios en tacos; al llegar 2009, esta cantidad oscilaba entre los ocho y los 10 paquetes. Durante enero del presente año apenas vendieron seis.
“Lo más fuerte de la crisis lo veremos este año, porque la gente como nosotros ya empeñó todo, vendió cosas, y muchos nos quedamos con una mano atrás y otra adelante”.
La crisis impactó de manera emocional a la familia Espino, ya que el hijo mayor, Édgar, emigró a la capital del país en busca de mejores oportunidades porque en todo el año no logró conseguir trabajo.
Daniel, el hijo de en medio, seguirá —con dificultades— hasta terminar el bachillerato y quiere ser fisicomatemático. Maritza pretende terminar en la Facultad de Ciencias de la Comunicación y dedicarse a la fotografía; sueña con su propia galería y captar los grandes sucesos mundiales.
El hombre de 43 años aceptó un empleo como conductor de una grúa; lo hará de las 8:00 a las 18:00 horas de lunes a sábado, pues tiene que abrir el puesto a las seis de la mañana. “Tal vez vamos a convivir menos, pero no hay de otra, necesitamos el seguro”. Ahora sólo doña Cuca y Maritza atenderán la taquería. (Jonathan Tapia)