La situación económica, junto con algunos de los sueños de la familia minera López Guajardo, se vieron mermados en 2009, principalmente por la sorprendente disminución de 60% en las utilidades anuales que distribuyó la empresa Minera Madero. Alejandro comenta que después de cinco años de trabajar como minero, el año pasado fue la primera vez que los trabajadores resintieron la disminución en esa prestación que, en la mayoría de las ocasiones, la destinaba para consolidar sus planes y proyectos de vida.Refiere que muchos de sus planes a corto plazo los ha pospuesto, principalmente la construcción de su carpintería, ya que su familia no está convencida en que siga en la minería por el riesgo que representa para su vida, las jornadas, días y horarios difíciles que implica estar lejos de su esposa Susy y sus dos hijos Diego y Daniel.
Con una natural carcajada, Alejandro precisa: “O sea que voy a seguir siendo minero por un buen tiempo más. No me queda otra. He visto que algunos de mis compañeros o familiares se han quedado sin trabajo y no han encontrado empleo”.
Pese a las carencias, considera que como minero tiene una familia estable, además de “salud y un empleo fijo” que le han permitido sacarlos adelante.
Refuerza esta hipótesis al referir que el propio monitoreo de las 12 familias del “Diario de la Crisis” realizado por el EL UNIVERSAL le ha permitido ver que gente “adinerada” con grandes negocios, así como comerciantes y taxistas, “sufren por la incertidumbre, porque dependen directamente del valor del dólar, del consumo de la gente y de esas cosas financieras.
La crisis nos ha pegado de diferente forma, pero deseamos que a todos nos vaya mejor en este año ¡El trabajo todo lo vence!”.
Alejandro y su esposa Susy sueñan con establecer su negocio propio y dedicar más tiempo a sus hijos e incluso buscan ser padres por tercera vez. (Redacción)