Alejandro Gómez, siquiatra, tiene pocas esperanzas de que 2010 sea un año de recuperación económica. Enero lo demuestra, dice. Sus pacientes regresaron más pobres y deprimidos. Toda la gente que dejó de visitar el diván de Alejandro en diciembre, volvió en enero, pero con menos dinero y más tristes.Hace un año, Alejandro contaba que 20% de sus pacientes estaban desempleados, como fue avanzando el año el número creció hasta 40%, y las cosas no son distintas en 2010: unos cuantos, consiguieron empleo, otros apostaron por negocios que no funcionaron; eso sí, todos siguen necesitando del siquiatra.
“Tengo pacientes que no encontraron empleo en 2009; no sólo se deterioró su economía sino también su estado de ánimo. Es gente ya no sabe ni por dónde buscar”.
Explica que la salud mental no se puede dejar para después, que la gente deprimida necesita atención médica, pues es necesaria en un país con las características de México “una profesión como la mía es indispensable”.
Quizá por eso, dice estar tranquilo, tanto él como su esposa, que se dedica a la veterinaria, tienen el trabajo asegurado. “Aunque cobremos menos o de plano no les cobremos, siempre tenemos pacientes que atender”. (Cinthya Sánchez)