“Como están las cosas no me fue tan mal. Optaría por un año regular”, dice Fernando Pérez. Para este empleado de bar el apretón más fuerte fue a medio año, cuando subieron los precios y la afluencia de clientes disminuyó paulatinamente hasta caer casi un 25% de lo normal.“Por lo menos la libré”, dice, y aunque la expresión no le resulta grata considera que en comparación con la situación de sus amistades, la suya fue una etapa complicada que sorteó sin daños graves a su economía.
“En todo caso sólo tuve pérdidas económicas de 25% y creo que eso es una ventaja frente a los que perdieron más o todo, en algunos casos”.
Fernando inició y cerró 2009 con una deuda crediticia en dólares, sin vacaciones, con gastos en reparación de su auto; compra de medicamentos y la intención permanente de cambiar de sede, aunque hasta ahora no encuentra un lugar que ofrezca expectativas de crecimiento.
Fernando considera que si se trata de calificar su situación, elegiría un siete, en una escala del uno al 10.
“La crisis económica provocó que truncara varios planes, entre ellos, gozar de un periodo vacacional. Siempre hay que pensar en cosas buenas, pero como está el estado y el país, no se puede echar campanas al vuelo porque la crisis económica y la inseguridad pública son factores que inciden de manera negativa”. (Justino Miranda)