Diez metros antes de la llegada a la meta de los 100 metros planos, el jamaicano Usain Bolt extendió los brazos, volteó hacia sus rivales y se golpeó en el pecho sabiendo que ya nadie, podría quitarle la medalla de oro.
Su dominio fue brutal. No fue necesaria una gran salida por lo que centécimas antes del cierre de la prueba, el jamaicano se dio el lujo de bajar el ritmo para soltar los brazos, relajarse y disfrutar por anticipado de su asombrosa victoria.
La felicidad del gigante de 1,95 metros y sólo 21 años era evidente. Festejó con su gente en las tribunas, repartió besos, se envolvió en una bandera de su país y accedió a cuantas fotos y entrevistas le solicitaron.
También posó con sus spikes en el Nido de Pájaro, donde por muchos años quedará grabada la carrera más rápida de la historia.
Pero Bolt quiere más. Ahora vienen los 200 metros planos donde también, aspira al oro.
jigh