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Suave Patria con Lulú Petite

Nuestra bella colaboradora nos relata las diversas experiencias que ha tenido durante la noche previa al grito de la Indpendencia y las cuales le han hecho gritar a los cuatro vientos ¡Viva México!

¡Viva México! 2No sé si hoy somos más independientes ni si la revolución nos hizo justicia a todos, lo que sí sé, es que tenemos mucho por qué celebrar y tanta Patria como Matria que nos obligan a gritar". (Foto: Lulú Petite )

Ciudad de México | Martes 14 de septiembre de 2010 Lulú Petite | El Universal07:18

Querido Diario:

Has de saber que, así como me ves, de niña era de lo más mustia. Temperamental, eso sí, pero propensa a portarme exasperantemente bien. Mi uniforme siempre impecable, mochila ordenada, apuntes limpios y mis tareas esmeradas y a tiempo. Desde luego, esta psicótica actitud me granjeó el desaire de varios compañeros, la simpatía de las "misses" y, obvio, ser la abanderada en la escolta de mi escuela.

Lo que más me gustaba de los honores a la bandera era que ese día iba más coqueta y, sobre todo, que mi abuela me llevaba y se quedaba a verme marchar. Ella es sabia y tiene un don para explicar cosas. Sus respuestas son siempre netas, creativas y fáciles de entender.

En ese tiempo para mí la patria era un mapa, un águila, un himno, un montón de retratos en los libros de historia y, claro, marchar todos los lunes portando la bandera.

Un día estaba haciendo la tarea (tendría unos seis o siete años). Hacía pegotes con una monografía de Don Miguel Hidalgo y me quedé pensando en eso de "El Padre de la Patria", entonces me entró una duda.

-Abuelita- le dije -¿Quién fue la madre de la patria?

-¿La madre de la patria, hija?

-Sí, abuela, ¿La patria tiene mamá?

-¡Claro hija!- contestó inspirada al ver el retrato de Hidalgo -¿Qué no ves el estandarte?

Con semejantes argumentos, crecí queriendo y respetando a la patria con el fervor de una soldadita. Cuando llegué a secundaria di el cambiazo, de mosquita muerta pasé a ser un desmother consumado. Sin dejar de amar a México, se me fue olvidando ser patriota.

Hace tiempo, en mero quince de septiembre me tocó atender a un señor. Fue una cita de último momento, tenía como 18 años, empezaba a chambear en la agencia y la jefa me llamó con la noticia de que había que atender a un cliente importante. Me puse bonita y salí rumbo a un hotel de lujo en avenida Reforma.

El cliente resultó ser un empresario muy caballeroso que me pagaría por acompañarlo toda la noche. Cenamos en la habitación y luego nos metimos a la cama. En ese tiempo yo no tenía tanto callo y me seguía sacando de onda acostarme con señores que acababa de conocer. Me ponía a temblar como gelatina y me quedaba helada, sin saber cómo responder cuando comenzaban a tocarme y a besarme.

Aquel hombre notó mi nerviosismo y con paciencia me fue llevando. Se recostó detrás de mí, como cucharita, y sin quitarnos la ropa, se puso a acariciarme la espalda de manera muy amigable, mientras me contaba cosas de su vida y de su trabajo, añadiendo de vez en vez piropos dulces. Cuando se animó a besarme el cuello, ya los nervios se me habían pasado, me di la vuelta, nos besamos y nos dimos cuenta de que la ropa estaba de más.

Nos desnudamos con un faje espectacular. Cuando se quitó el pantalón, metí la mano bajo sus bóxers y pude acariciar la piel tibia de su erección. Al sentirlo palpitar en mi mano, un torbellino me anestesió la espina dorsal y un arroyo empapó mis muslos. Cuando al fin me penetró, yo era un manantial.

Disfrutaba el roce de sus manos, la firmeza de sus embestidas, la humedad de sus labios. Todo era aprendizaje, exploración, deseo... terminé riquísimo. Ya en el momento de reposo, me recosté sobre su pecho y nos quedamos quietecitos, como si el mundo se hubiera puesto en pausa. De pronto, como si lo hubiéramos preparado, por la ventana comenzaron a verse los fuegos artificiales que iluminaban el grito en el Zócalo. Fue como magia.

Le conté entonces mi historia en la escolta y de los dichos de mi abuela. Nos reímos.

-La verdad- le dije haciéndome la chistosa -sigo queriendo a México, pero sin averiguar lo que es la patria.

-Sabes mija- me respondió -hace muchos años, viví en Estados Unidos y me avisaron de pronto que mi madre estaba a punto de morir, dudaban que aguantara más de 24 horas. Corrí al aeropuerto, pero sólo había vuelos con lugares disponibles hasta dos días después. Estaba desesperado, insistí y supliqué, pero no había nada qué hacer.

Ya iba a salir del aeropuerto, resignado a hacer el largo viaje por tierra con poca posibilidad de alcanzar con vida a mi mamá, cuando un hombre me puso en el pecho la palma de su mano, "Mire paisano" me dijo "mi vuelo está a punto de salir, tome mi lugar", no hubo tiempo de discutir, le di las gracias a aquel buen mexicano y me trepé al avión.

Mi madre murió poco más de dos horas después de darme su bendición y de que yo le dijera lo mucho que la quería, sólo entonces recordé que el buen samaritano ni siquiera me cobró el boleto que me había dado. Hoy mija, guardo aquel pase de abordar como un tesoro, porque me recuerda que patria es lo que cada mexicano puede hacer por otro.

Mañana celebramos el bicentenario y en noviembre el centenario. No sé si hoy somos más independientes ni si la revolución nos hizo justicia a todos, lo que sí sé, es que tenemos mucho por qué celebrar y tanta Patria como Matria que nos obligan a gritar: ¡VIVA MÉXICO!

Feliz Bicentenario

Lulú Petite

http://www.midiariosexy.blogspot.com/



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